Lunes , 17 febrero 2020
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11 de agosto, mientras dormía


Cuando soñamos seguimos viviendo y hay sueños que, como una de esas vivencias que marcan, nos transforman y  nos ayudan a avanzar. Son sueños que resuelven encrucijadas, que nos regalan la experiencia al tomar un camino que puede que despiertos nos cueste incluso barajar…

 

 

'Vertigo - Explore #98' _ Mazintosh-Fotogranada 800px

‘Vertigo – Explore #98′ (Mazintosh-Fotogranada)

 

– Pero, ¿a dónde vamos? –pregunto mientras la sigo,  con la voz tímida de quien teme no escuchar una respuesta que le tranquilice.

 

Parecen las escaleras de un parking. Llevo contadas unas cinco plantas y ya desde la segunda no me gusta estar bajando.

 

– Vamos a investigar –me mira sin pararse, con sus ojos agrandados por la ilusión; su rostro refleja la misma inocencia de niñas… y esa seriedad  adolescente que promete llevar a término cualquier idea en la que se cree.

 

– ¿Investigar qué? –esta vez no me responde. Desciende despacio pero segura. Yo la sigo mientras siento que el espacio se reduce y un silencio estremecedor va interponiéndose entre ella y yo, entre yo y el mundo, entre ella y la vida…

 

Pierdo la cuenta de las plantas que hemos bajado, aquello tiene pinta de no tener fin y una angustia silenciosa me está comprimiendo la respiración y paralizando las piernas. Sé que no nos espera nada bueno. Se lo digo pero parece estar tan “lejos” de mí que ni siquiera me escucha. Tengo miedo, mucho miedo y pareciera como si  la prioridad de no dejarla sola me hubiera arrancado la voluntad y con ella la posibilidad de, al menos, ponerme yo a salvo. Y sigo bajando.

 

De pronto, una entreplanta me devuelve el ritmo y la esperanza. Me atrae su luz y unas risas que aún no sé a qué responden. Sin pensarlo, agarro a mi hermana por la camiseta y tiro de ella hacia aquello que me ha sacado de lo que yo siento como un pasillo de la muerte.

 

Era una exposición de arte, acogedora y con cuadros y esculturas de diversos movimientos artísticos. Algunas pinturas tienen una composición de colores impresionantes y una frescura muy alejada de la intención comercial. Estoy contenta. Las personas que hay allí se muestran gozosas, interesadas en lo que están viendo, ocurrentes y cercanas a nosotras.

 

Me llama la atención un cuadro. Se lo señalo a mi hermana y me doy cuenta de que ella sigue con la mirada puesta en la salida que hemos dejado atrás, ajena a lo que le rodea, atrapada en la soledad de su propia realidad.

 

Hablo con alguien sobre el cuadro, me gusta la conversación, pero no desaparece esa desazón que hace que no le quite el ojo a ella, a ella cuyo semblante se está tornando cada vez más sombrío, más tenso y decidido, como el que tiene un corredor de fondo esperando que le den la señal de salida.

 

Y al fin recibe esa señal. Su cuerpo vuelve a cobrar vida y se dirige de nuevo hacia las escaleras de LA NADA. La sigo  mientras me alejo de mi existencia, alarmada, buscando salvarla, ingenua de que podría.

 

– No te vayas por favor, vamos a quedarnos aquí… tengo mucho miedo –se gira y me mira impasible, carente de empatía. Siento una mezcla de profunda tristeza e impotencia. Sé que no le sirvo, sé que ella ha decidido irse cortando todo lazo que la unía a la realidad, secuestrada por el delirio, por su propio mundo, supongo que entregada a lo único que puede llenar el inmenso vacío que debe de habitar en la locura.

 

Bajamos unas tres plantas más. A cada peldaño está más oscuro y silencioso. Hay una calma extraña, inquietante, como la que  aseguran precede a una catástrofe natural.

 

– Yo me voy a ir, vente conmigo, ya vuelves otro día –se lo digo, aunque sigo bajando tras ella. Dejo de escuchar el sonido de nuestros pasos, el deslizarse de nuestras manos en la barandilla al girar; tampoco escucho mi respiración, ni su respuesta si es que la da… Un frío mortal me recorre la espalda y me doy cuenta de que estoy agarrotada y no puedo seguir bajando. Las piernas no responden. La veo bajar, cada vez más rápido, sin poder moverme. No logro gritar su nombre; en su lugar escucho un sonido ahogado  por la angustia, por el miedo.

 

Me doy la vuelta, impulsada por la urgencia de huir de lo que siento, y al hacerlo me invade la sensación de que algo viene detrás de mí, algo malo que está a punto de cogerme. Intento correr pero no puedo y subo lentamente, a cámara lenta, ayudándome de la barandilla,  aterrorizada de sentirme dividida entre el instinto de ponerme a salvo y la necesidad de volver a buscarla…

 

Pero ya no hay marcha atrás, toca aceptar la pérdida, el dolor de la cobardía, de los límites de lo humano, de no volverla a ver… Noto cómo voy recuperando el movimiento, subo cada vez más fluida, más deprisa. Estoy llegando a la superficie, de nuevo a la vida.

 

Siento una inmensa alegría, la recompensa de la liberación… Y una pena profunda… su precio.

 

Su

 

 

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5 Comentarios

  1. Estremecedor. Qué difícil es armonizar lo que pensamos que hay que hacer, lo que sentimos que tenemos que hacer y lo que deseamos hacer. Algunas veces en los sueños se nos aclaran las posturas, aunque luego la decisión hay que tomarla despierto.
    Mucho ánimo, y un beso, Su

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  2. Sin palabras, que duro!No me gustaría tener que pasar por una situación así. Me parece que solo en sueños nos ateveriamos a hacer algunas cosas la verdad. Impactante relato

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    • Me enorgullece si ha conseguido impactarte. Y sí , hay cosas que sólo se hacen en sueños, yo también lo creo. Lo interesante es que nos dan la oportunidad de vivir la experiencia y aprender de ella!! Llevarlo o no a la realidad es otra cuestión..Muchísimas gracias Crisa

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  3. Es increíble como los sueños son capaces de mostrar nuestros miedos, nuestros deseos y a su vez como hacen ver nuestros errores. En ocasiones nuestro parecer, no coincide con los de las personas, personas, a las que más queremos. Esto supone perdidas, alegrías…sentimientos naturales de nuestro cuerpo a los que tenemos temor. Continuamente nuestro cuerpo y mente, nos envía mensajes y no lo escuchamos…
    Ha sido un relato increíble, capaz de remover el interior de la persona más “cuerda” si la hay y hacer recapacitar al más “sensato”.
    Muchas felicidades Susana, espero poder leer en alguna otra ocasión un relato que me haga sentir y pensar, tanto como lo ha conseguido este. Un besazo

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    • Muchas gracias Vero, mucho halago !! Sé que es un tema que te resuena. Me alegra mucho haberte hecho sentir y pensar sobre ello…Como muy bien dices el cuerpo es sabio y se expresa de muchas maneras; los sueños son una de ellas y creo que a veces traen mensajes reveladores. Sólo hay que estar atentos…un beso amiga

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