Sábado , 24 agosto 2019
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325 kilómetros por Asturias y Cantabria, con la mochila al hombro (I): la Ruta del Cares

Bueno, técnicamente no fueron sólo de Asturias y Cantabria, porque parte del inicio de nuestra aventura recorre algunas zonas bien conocidas de León (no se me vayan a enfadar los paisanos…). Pero la mayor parte de este viaje transcurrió por las dos comunidades del norte de España, famosas por sus paisajes fascinantes y sus rutas más que transitadas por caminantes, senderistas, escaladores y hasta runners, que viajan con la mochila al hombro.

 

El viaje comenzaba en Cangas de Onís, frente al puente romano sobre el río Sella, con la Cruz de la Victoria (una reproducción) colganda del arco central, una de las imágenes más reconocibles de esta tierra asturiana. Después de una estupenda comida con unos amigos, a los que dejábamos marchar en otra dirección distinta a la nuestra, mi compañero de aventuras y yo empezábamos una ruta de la que conocíamos el lugar de partida, pero no el de llegada. Lo único que sabíamos es que iríamos hacia el Este, caminaríamos por rutas y senderos, admiraríamos el paisaje y dormiríamos… donde encontráramos un lugar apropiado. No siempre fue fácil esto último (lógico, si pensamos que estamos hablando del mes de agosto), pero sí fue siempre divertido y agradable. Esta es la opción que elegimos nosotros, pero existen multitud de páginas web (como www.erural.com) en las que puedes buscar alojamiento cómodamente. Así pues, tras quedarnos un buen rato decidiendo si los que se tiraban desde el punte al río eran unos valientes o estaban locos, pusimos rumbo al sureste.

 

'325 km por Asturias y Cantabria, con la mochila al hombro'

Puente Romano, Cangas de Onís, con los ¿locos o valientes?
(Inma Luque)

 

Si había algo que sabíamos que íbamos a hacer en algún momento en nuestro viaje era recorrer la Ruta del Cares. Si te gusta caminar por la montaña, entre riscos, y disfrutar de un paisaje fascinante, no te puede faltar esa ‘marca en el revólver’. Y, por una vez, ¡ganaba en algo a mi compañero de viaje! Yo ya había hecho, hacía muchos años, un tramo de la senda. ¡Pero él no! Así que era, sin duda, un ‘must’ para este viaje. Creo que con buen criterio, decidimos que debíamos hacerla cuanto antes, para tener el resto de días más libres. No en vano, la ruta completa (ida y vuelta) son unos 24 km, y aunque la dificultad no es elevada, si no estás acostumbrado a estos tutes (como sí era mi caso, no el de Álvaro) hay un tramito desde Los Collaos a Puente Poncebos en el que hay un desnivel de unos 300 metros en unos 2,5 km; que a la ida son unos kilómetros ‘destrozarrodillas’, y a la vuelta la cuesta se las trae…

 

PosadaDeValdeon_AlvaroGordo_InshalaTravel

Posada de Valdeón
(Álvaro G)

Tomada esta decisión, lo mejor era alojarnos en Posada de Valdeón, en León, una localidad a las puertas de los Picos de Europa, que nos serviría de base durante dos noches, para poder descansar bien tras la jornada del Cares. Elegimos para ello una pequeña y acogedora casa rural, con pocas habitaciones y un dueño muy amable, que nos estuvo dando consejos acerca de las rutas que haríamos en los días venideros. Ezcurra, se llama el establecimiento. Muy recomendable. Posada tiene un entorno envidiable, tranquilo, acogedor y que se presta a paseos interesantes, a pesar de que no es muy extensa. Se puede caminar, por ejemplo, por sendas de tierra, cubiertas de verde vegetación; o llegar hasta Santa Marina de Valdeón en un periquete, con un agradable paseo. Y si queréis daros un capricho (en todo viaje debe haber, por lo menos, uno…) cenando en un restaurante con magia, os recomiendo El Desván.

 

Amaneció un día estupendo para abordar la mítica excursión: nos esperaba la Senda del Cares. Para hacer la ruta a pie de ida y vuelta, debido a lo que os he mencionado antes lo mejor es partir de Caín (León), una aldea a unos 9 km de Posada de Valdeón. Aquí el camino comienza en un entorno apacible, una pequeña presa en el río Cares, a partir de la cual te adentras en un mundo totalmente distinto: La Garganta Divina, la llaman. Entre sus paredes, el río comienza a quedar cada vez más abajo, poco a poco, a veces a tu derecha, a veces a tu izquierda (dependiendo de cuántas veces hayas cruzado por los diferentes puentes que te encuentras en el camino). De repente te encuentras un sendero alternativo, que baja a una pequeña poza, y por el que te indican que lo utilices sólo si llevas el calzado adecuado. La tentación es fuerte porque, desde ahí arriba, el agua tiene un precioso color esmeralda… Más allá, el camino a veces se ensancha, y a veces te arrimas tanto a la pared que temes que a la vuelta de la siguiente curva tengas que cederle el paso al caminante que viene de frente. A veces tienes el murmullo del agua muy cerca, a pesar de lo abajo que está el río, porque caminas al lado del canal de agua. Las rocas se van transformando y el paisaje te asombra en cada recoveco. También la flora y la fauna. En Los Collaos, mismamente, nos encontramos con unas vecinas escaladoras, que me daban bastante envidia por su destreza… Túneles en la roca. Figuras imposibles y equilibrios aún más inverosímiles, pero muy reales.

 

 

Toda la ruta es belleza pura. Y cualquiera con un mínimo de forma física, el calzado y la ropa adecuados, y las provisiones de agua y algo de comer (por si fallan las fuerzas o el calor te baja la tensión), puede hacerlo tranquilamente. Un merecido descanso y un buen reconstituyente en Puente Poncebos enseguida te ponen las pilas para hacer la ruta inversa mochila al hombro, ya que a pesar de comenzar con cierta dureza (por el desnivel), pronto te lleva por un camino agradable. Y parece que el entorno te da las gracias por tu visita…

 

ChorcoDeLosLobos_Bemhuesca_InshalaTravel

Chorco de los lobos, 1930
(Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública, UniZar)

De vuelta hacia el verdadero descanso en Posada, aún nos quedaban ánimos para hacer una parada interesante en el Chorco de los lobos, en el monte de Corona. En todos los viajes aprendes algo nuevo, y aquella fue mi enseñanza del día. Debo decir que, en mi ignorancia, aquel nombre me sugería poco menos que un lugar de leyendas (mi amiga Aida se estará riendo al leer esto…). Pero mi sorpresa fue hallar un ingenioso sistema, bastante antiguo, de acoso y captura de los lobos que abundaban por la zona siglos atrás. En un momento en que la ganadería era la principal fuente de subsistencia de la zona, resulta lógico que los pueblos se organizaran para enfrentarse al ‘enemigo común’. La ‘Ordenanza de Montería’ más antigua que se conoce data de 1610, y ha habido otras posteriores; en todas se detallaba todo minuciosamente, desde quiénes debían participar en las batidas hasta las obligaciones de cada uno o qué se hacía con las pieles y piezas útiles de la cacería. Cuando estás allí, te puedes imaginar perfectamente cómo serían aquellas batidas, la tensión, el movimiento, el ruido, los aullidos, los gritos… Sí era un lugar mágico, pero por motivos distintos a los que yo creía.

 

 

 

Aquí termina este relato, que tendrá continuación porque aún quedan otros seis días más por contaros. Como adelanto de lo que vendrá, aquí tenéis el mapa de la ruta al completo… Bueno, casi al completo. Hay dos zonas que el mapa de Google no me deja marcar: la subida desde Poncebos hasta Bulnes, y un tramito de la Senda del Cares que (debe ser…) todos recorremos ¡sin camino a nuestros pies! ¿Será que no conocen el poema de StevensonThe Vagabond?

 

 

 

                                                            Huck

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Gracias, Álvaro :D
    ¿Memoria frágil, dices? Podría recordarte las historias que tú nos has contado en estas mismas “páginas” :D
    Tan llenas de detalles.
    Y espero que lo sigas haciendo… pronto… :)
    Un beso,
    Huck

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  2. Grande Huck!!!
    Has hecho que una memoria fragil como la mia recuerde tamaña aventura. Espero con ansia las siguientes partes :) :)

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