Lunes , 17 febrero 2020
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Boda en Fez, contrastes y cruce cultural

Marruecos, Fez, unos amigos, una boda marroquí a la que llevamos como presente un “Quijote” con ilustraciones de Gustave Doré y un precioso ex libris con el nombre de los novios escrito en árabe antiguo. Aventura y singular experiencia viajera.

 

El día anterior a la boda en Fez, la ciudad nos ofrece su enorme Medina, nos invita a adentrarnos en ella, inexpugnable, invariablemente laberíntica, armoniosa en el caos y espectacular en su colorido. Aún así, pasadas dos horas prefiero sentarme a tomar un té y observar idas y venidas de comerciantes y paseantes. Les observo, me observan, preguntan si estoy enfermo, ¿por qué no voy a comprar?, se extrañan mucho cuando les digo que prefiero ” le plaisir des yeux” es decir, tan solo mirar, ver, observar. Me toman por un excéntrico, cosa que agradezco ya que así estoy más tranquilo.

 
Como final del día, mi compañero y yo decidimos adentrarnos en un Hamman para tomar unos baños. Hemos elegido uno realmente autóctono. La entrada es pequeña, angosta, oscura… Nos desnudamos, nos ponemos una toalla limpia pero muy desgastada y nos dejan unas chanclas para no entrar descalzos. A lo lejos, nuestros “torturadores”. Dos hombres fornidos vestidos con el mismo tipo de toalla nos hacen señas para que entremos. Dudamos, pero ya no hay remedio, allí estamos. Es una habitación muy caldeada, agradable, comenzamos a sudar al momento, nuestros masajistas nos invitan a tumbarnos en el suelo boca abajo para dar comienzo a su trabajo. Nos frotan la piel con energía, con una especie de estropajo que afirman sirve para abrir los poros de la piel y eliminar impurezas. Nosotros sudamos, nos miramos con estupor y sudamos, están sobre nosotros restregándonos la espalda, las piernas, con mucha energía.

 

Curtido de pieles en Fez, Marruecos. Autor: Miguel Gutiérrez

Curtido de pieles en Fez, Marruecos.
Autor: Miguel Gutiérrez

Llega el momento de darnos la vuelta, son unos segundos de descanso, suficientes para sudar más aún y mirarnos sin decir nada, estamos bien. De nuevo sobre nosotros, restregando y restregando… La sensación es placentera, no tenemos miedo pero la novedad de la situación nos hace estallar en una sonora carcajada, de esas que salen solas, espontáneas y que se disfrutan mucho de tan naturales que son… Ellos también rien sin parar. Calculo que habrán sido 45 minutos de masaje y frotamiento del cuerpo, me siento muy relajado y mi amigo también, se nos nota en la cara.

 

Ellos sonríen, se diría que saben algo que nosotros aún no sabemos. Nos piden que nos levantemos. Uno de ellos agarra un cubo vacío y lo llena en una especie de pilón en el que no habíamos reparado, tan atareados estábamos riendo y siendo masajeados. El que lleva el cubo se acerca y, sin más, lanza el contenido sobre mi amigo desprevenido. Río sin cesar, pero mi risa cesa  al recibir el agua fría que me arroja mi masajista. Recuerdo cuando era un niño y soñaba con lanzar un cubo de agua a alguien, qué divertido. ¿Quieres más sopa? Pues toma tres tazas, toma tres cubos de agua fría lanzados sobre cada uno; reímos  sorprendidos, ateridos, incongruentes. Acto seguido nos anuncian que ha terminado el masaje, pagamos, saludamos y salimos a la calle más ligeros, con otro aire, un poco más “musulmanizados” y dispuestos a disfrutar de la boda en Fez al día siguiente.

 

Lujo, mucho lujo. Nos hemos informado, una boda en Fez suele tener un marcado tinte religioso. Nunca hemos tenido la oportunidad de asistir a una ceremonia musulmana, estamos emocionados ante el singular acontecimiento. Hemos decidido estar pronto en el lugar de la celebración ya que no estamos invitados a la ceremonia estrictamente musulmana. Para entrar en el recinto hay que franquear a dos guardias que bien podrían pertenecer a la guardia personal de Hassan II: imponen. No nos piden el pasaporte, tan sólo la invitación de boda, y entramos…  El lugar es precioso, maravillosamente engalanado con guirnaldas, arcos adornados con telas de seda e hilos dorados y todo tipo de ornamentaciones espectaculares. Tenemos la sensación de estar en un gran palacio, rodeados de grandes lujos.

 

El novio a caballo. Boda en Fez, Marruecos. Autor: Miguel Gutiérrez

El novio a caballo. Boda en Fez, Marruecos.
Autor: Miguel Gutiérrez

 

 

Revuelo en la puerta, murmullos en el interior, movimiento en la calle… Ahí llega el novio montado en un precioso caballo blanco, tan altivo y esbelto como su jinete… Qué elegancia, qué estilo, que alegría en el rostro, que sensación de grandeza; se diría que es un príncipe heredero llegado de los confines del mundo, con un gran tesoro para su amada…

 

El caballo no puede casi caminar, tal es la efusividad de sus súbditos, gritos en árabe de los que sólo distingo el nombre del novio, el nombre de nuestro amigo. Pasa junto a nosotros y nos dedica una enorme sonrisa mientras acerca su mano de modo casi imperceptible (después nos explicó que no debía hacer ningún gesto para no contrariar a ningún invitado, tal es la tradición). La montura nos rebasa, acompañada de su séquito, sólo vemos cómo la grupa y la preciosa capa blanca entran en el recinto de la celebración.

 

 

 

 

Nos quedamos fuera, dicen que es lo que debemos hacer, esperar a la novia que viene allá a lo lejos. ¿Aquel gentío?  Sí, sí… ese montón de gente que viene hacia nosotros anuncia que viene la reina de la fiesta, la novia.

 

¡Ya está aquí! ¡Ya se acerca! Es precioso ver a las mujeres que la acompañan cómo cantan y lanzan flores al camino que va a transitar; emociona ver a tantas personas honrando a una mujer, enormemente bella, vestida con grandes lujos y que no camina, sino que la conducen bajo palio un grupo de hombres, los únicos que la acompañan. Si el novio parecía un príncipe, ella es una reina, envuelta en sedas y lujos, que nos honra con su presencia y a la que todos se afanan por vitorear. No entendemos el cántico, pero es tan unánime que parece que hayan ensayado toda la vida para ese momento; tengo la piel de gallina, emocionado y como me pasa en determinadas ocasiones, lloro ante tan bella escena.

 

La novia sigue el mismo recorrido que el novio, entra en la sala y detrás de ella permiten que entremos los invitados.

Comienza la cena, ni rastro de los novios, ¿dónde estarán? Vamos de sorpresa en sorpresa, la tradición dice que las mujeres comen en una sala en el interior y los hombres en otra, en este caso el jardín. Un compañero de mesa tunecino nos dice “comed, comed rápido, en cinco minutos se llevan el plato”. Al principio no le creemos, pero pasada media hora constatamos que ya hemos probado casi seis platos diferentes. Así es, doce platos en una hora y cuarto, todo un récord para nosotros, algo habitual para una boda en Fez, ríen, reímos.

 

Aparece otro elemento de distracción que hace que nos tronchemos de risa, y no por el alcohol (no hay ni gota), sino porque desde nuestra posición visualizamos una escena surrealista. Estamos en una boda musulmana, una boda en Fez, preciosa, lujosa, gente encantadora y… ¿qué es lo que ven nuestros ojos sobre la entrada al salón donde cenan las mujeres? Está preciosamente engalanado pero… ¡oh, que despiste! ¡Cómo pueden ocurrir estas cosas! Sobre la entrada hay un balcón, un balcón engalanado, pero lo que no lo está es la cuerda de tender de la que penden dos pantalones, dos camisas y unos calzoncillos… Es increíble, estamos rodeados de lujo y aparece ante nosotros esa grotesca escena… Mi amigo y yo nos miramos, no podemos parar de reir, nadie sabe de qué pero al vernos tan alegres lo celebran con nosotros y brindamos con coca-cola…

 

La novia bajo palio. Fez, Marruecos. Autor: Miguel Gutiérrez

La novia bajo palio. Fez, Marruecos.
Autor: Miguel Gutiérrez

Los novios parecen modelos de pasarela, durante la cena se cambian  de ropa seis veces (ellos cenan entre bambalinas). De este modo honran a todas las provincias de Marruecos, luciendo el traje típico de cada una, y se pasean entre los comensales con sus atuendos, a cada cual más elegante y bello. Se dice que el nivel de la boda se mide por la riqueza de los trajes que luce la novia; es nuestra primera boda y no podemos comparar, pero viste como si se tratara de una zarina en un baile en el Palacio de Verano de San Peterburgo… Lujo, mucho lujo.

Con el último traje somos los invitados los que debemos acercarnos al trono en el que se encuentran los novios para presentarles nuestros respetos, darles nuestro “Quijote” y desearles la mejor de las suertes en la vida. Todos la necesitamos alguna vez.

 

De vuelta al hotel, aún nos quedan un par de días en Fez para charlar con ellos, comentar y visitar más la ciudad. Ojalá nos inviten también al bautizo de sus hijos… todo sea por viajar y conocer otras culturas. ¡Inshala!

 

 

Mig

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Bonita experiencia Mig, gracias por compartirla y transmitirnos ese exotismo que curiosamente se encuentra como aquel que dice a la vuelta de la esquina.

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  2. Que suerte para el autor y los que disfrutaron de esa boda. Debió ser todo un acontecimiento. ¡Me ha dado mucha envidia!

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