Sábado , 24 agosto 2019
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El dedo sobre el atlas, viajando con la imaginación

Uno de los libros favoritos de mi infancia y que, a pesar de su avanzado estado de deterioro, todavía conservo es el Atlas Geográfico Universal de la editorial Aguilar. Está todo pintarrajeado con cientos de anotaciones y dibujos, completamente desencuadernado y lleno de señales de las pegatinas que ponía y arrancaba una y otra vez; también conserva restos de los remiendos que le hacía mi padre para que tuviera un aspecto mínimamente decente, porque pasaron muchos años hasta que entré en razón y consentí que me regalaran uno nuevo. Sin duda es el libro más amortizado que he tenido y tendré en mi vida.

 

 

 

 

Atlas Aguilar. Inshala. Fotografía: José Antonio Pérez

Atlas Aguilar

 

 

 

Cuando yo era pequeño, si vivías en Madrid, como es mi caso, no solo tenías que elegir entre ser del Atleti o del Real Madrid, había que tomar otras decisiones de este tipo, que a la postre marcarían tus relaciones con el resto de los chavales en función del bando por el que apostases; como por ejemplo la flauta Hohner o Aulos para las clases de música. La Hohner parecía más fácil de tocar, pero era de color amarillo; la Aulos era más bonita, pero era más difícil tapar los agujeros, no era nada fácil decidirse. Con el Atlas de Geografía pasaba igual, había que elegir entre  Aguilar o Salinas. Debo reconocer que a mi me gustaban los dos, pero finalmente me decidí por el de Aguilar, porque un vecino mío que me caía mal tenía el Salinas heredado de sus hermanos mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al hacer la Primera Comunión, una de las cosas que me regalaron, además del típico reloj de pulsera, fue un globo terráqueo que, como cosa novedosa, tenía luz. Yo estaba encantado con mi bola del mundo con luz, que permitía ver el mapa físico o político de la Tierra según la posición del interruptor. Pero por circunstancias que no vienen al caso en este post, me quedé sin ella prematuramente debido a un desgraciado accidente.

 

 

 

 

Atlas Salinas. Inshala. Fotografía: José Antonio Pérez

Atlas Salinas

 

 

 

 

Menos mal que para el mes de Septiembre me compraron el Atlas Geográfico que era obligatorio llevar para el curso que comenzaba. Este hecho multiplicó considerablemente el interés por la Geografía que el globo terráqueo con luz había despertado en mí pocos meses antes. Un atlas contiene mucha más información, aunque un mapa en dos dimensiones sea una representación de la Tierra más inexacta que una bola del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que en un principio es aprender capitales, ríos, nombres de países y cordilleras, de océanos y continentes, se va convirtiendo en curiosidad por saber cómo son las personas que viven en esos lugares remotos, cómo son sus casas, qué animales habitan sus bosques, en qué idioma hablan y cómo suena su lengua, a qué sabe su comida, qué música escuchan si es que les gusta la música.

 

 

Australia atlas. Inshala. Fotografía: José Antonio Pérez

Atlas Universal Australia

 

 

Empezamos a mover el dedo por el mapa y entonces entra en juego nuestra imaginación y todas esas cosas que sabemos o creemos saber sobre el mundo comienzan a tomar cuerpo a medida que nuestro dedo va señalando nombres que nos evocan algo desconocido, pero intenso y casi siempre misterioso. Y así, sin darte cuenta, tu dedo va recorriendo el mundo y lo que había empezado como un ejercicio de Geografía se convierte en tu primer viaje imaginario. En tu primer viaje.

Esos viajes imaginarios se fueron repitiendo y así fue cómo, gracias a mi viejo Atlas Aguilar –con la inestimable ayuda de la Enciclopedia de Ciencias Naturales Bruguera y las novelas de Julio Verne– un día hice mi mochila y salí de mi casa una mañana para convertirme en un viajero de verdad.

 

 

Beluchistan. Inshala. Fotografía: José Antonio Përez

Beluchistán

 

 

A pesar de las enormes ventajas que hoy día nos ofrece la tecnología, muchos tenemos un gran apego a los mapas impresos en todas sus versiones, son parte muy arraigada de la cultura viajera. Algunos son auténticas obras de arte, no necesitan baterías y para muchos de nosotros fue el inicio de algo que ha llenado de sentido nuestras vidas y de páginas nuestras biografías.

 

 

 

 

                                                                                                                       Pepe

 

 

 

 

 

 

 La niña rosa, sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
abierto, un atlas.

¡Cómo la miraba yo
viajar, desde mi balcón!

Su dedo, blanco velero,
desde las islas Canarias
iba a morir al mar Negro.

¡Cómo la miraba yo
morir, desde mi balcón!.

La niña, rosa sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.

Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
rojas islas de sangre

                               Rafael Alberti 

                                                   Marinero en tierra (1924)        

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

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6 Comentarios

  1. Al leer el post, he recordado que nosotros en casa teniamos un globo terráqueo y jugabamos a buscar un pais en el globo, claro está, que siempre se pedía que buscasen los demás, el mas pequeño y recóndito del globo, para su desesperación, si no lo encontraban, tu seguias siendo el jefe…y elegías otro.

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    • ¡Que recuerdos! mi bola del mundo desgraciadamente me duró poco, pero se prestaba a juegos de geografía como el que comentas. Igual que los atlas. Muchas gracias por tu comentario Vicenta.

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  2. Los mapas de continentes, me hacen imaginar que se puede volar a tantos lugares…

    En cambio los mapas de calles me hacen desesperarme hahahah

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    • Los callejeros, estimulan mucho menos la imaginación, que duda cabe. Gracias por tu participación Gaolga.

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  3. Me ha encantado tu entrada porque me ha recordado a mí, yo también estaba consultando un atlas e imaginando ir a los sitios donde se me posaba el dedo, saludos viajeros.

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    • Gracias Raul por tu comentario. En mas de una ocasión, cuando he llegado a una ciudad por primera vez, he recordado lo que me me imaginé cuando posé por primera vez mi dedo sobre su nombre, en mi atlas Aguilar.

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