Lunes , 17 febrero 2020
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Destino Casamance (I): La vuelta a Senegal

Llegamos a Dakar. El calor y la fuerte humedad nos devuelven rápidamente a aquel verano de 2008, cuando mi compañero Ramón Montero y yo pisamos África por primera vez. En aquel entonces, vinimos a visitar a un amigo que vivía en Dakar, y gracias a él hicimos una buena toma de contacto con el país. Ahora todo ha cambiado. Desde el taxi podemos apreciar cómo han proliferado los grandes edificios y se han multiplicado los carteles luminosos de los sitios más elegantes de la ciudad. Por supuesto, nuestra mirada también es distinta; ya no recibe ese primer impacto que sufrimos hace cuatro años, cuando las calles poco iluminadas ya eran motivo de reflexión. En ese aspecto, Dakar sigue igual: los taxis se caen a pedazos, las calles están mal asfaltadas y las siluetas de personas andando se cruzan constantemente por nuestro oscuro camino. Y la pobreza. La gente durmiendo en las aceras y los niños mendigando en las calles nos recuerdan que hemos abandonado las comodidades de Europa y ahora estamos en África.

 

Una de las calles del centro de Dakar (Barrio Plateau)

Una de las calles del centro de Dakar (Barrio Plateau)

 

De camino a nuestro primer destino, el barrio de Ouakam, nos topamos con un coloso de estilo soviético, que no estaba hace cuatro años. Se trata del “Monumento al Renacimiento Africano”. Una estatua con un tamaño superior al de la estatua de la Libertad, que nos muestra la figura de un hombre que sujeta con una mano un niño y con la otra a una hermosa mujer. Esta figura del ideal físico y familiar africano, fue un encargo del ex presidente Abdoulaye Wade a una empresa norcoreana por valor de 27 millones de dólares. Construida en tierras de su propiedad, el ex presidente se encargó de cerrar un acuerdo por el que recibe un 35% de los ingresos que pagan cada día los turistas y visitantes por subir a la cima de la estatua. Un ejemplo más de clamorosa corrupción africana, que me recuerda a una frase que un día me dijo Mohammed Sow, mi cuñado de origen egipcio y mauritano:  “Los políticos africanos roban lo mismo que los europeos, pero la diferencia es que los africanos lo publican orgullosos, mientras que los europeos lo hacen a escondidas”.

 

De camino a nuestro primer destino, no somos todavía conscientes de la suerte que nos va a acompañar durante todo el camino. Hacía quince días habíamos decidido viajar a Senegal, sin nada planificado, y con el único objetivo de hacer algunas fotos. La buena fortuna y sobre todo las personas que nos encontramos en el camino, variaron por completo el rumbo de la expedición. Nuestro nuevo destino era entonces La Casamance, al sur del país, y nuestro propósito: visitar cuatro proyectos de cooperación para visibilizarlos a través de AGARESO (Asociación Galega de Reporteros Solidarios).

 

Cuadros de Arena

Cuadros de Arena

En nuestra primera parada en la capital, nos encontramos con Jara Campelo. La conocimos en

2008 como becaria de la AECID y era el único contacto que nos quedaba en Dakar desde entonces. En ese momento, no nos podíamos imaginar que su buena relación con AGARESO y su experiencia en el país fuesen a ser tan importantes en nuestro proyecto.
Desde el primer momento, Jara rebosa energía y ganas de ayudar. Nos abre las puertas de su casa,
y comienza a darnos algunas claves del país, en el que lleva instalada seis años.
Nos cuenta cómo ha subido el precio de la vida en Dakar, a raíz de la
llegada masiva de expatriados. La crisis en Europa ha llevado a muchos empresarios, la mayoría de ellos franceses, a buscar fortuna en África. Esto ha aumentado el precio de los alquileres y de la comida
en el mercado, a la vez que se multiplicaban el número de comercios y centros comerciales de nueva construcción. “No tiene sentido que construyan una
pista de patinaje en un centro comercial, cuando la gente está sin luz en sus casas”, nos comenta Jara. Antes de instalarse en Dakar, vivió cuatro años en Kolda, la segunda ciudad más importante de La Casamance. Allí estuvo trabajando para la Cruz Roja española, y conoció a su marido Ibú. Ella mejor que nadie, podía hacernos una breve introducción de las problemáticas de esa zona.

 

 

La Casamance

 

Situada al sur de Senegal y dividida por el río Gambia que da nombre al país, La Casamance limita también con la Guinea Bissau. La peculiaridad de esta zona, si la comparamos con el resto de  regiones del país, es el conflicto armado que se mantiene desde hace más de 30 años. Debido a su peculiaridad geográfica (separada del resto del país por Gambia), La Casamance ha sido olvidada por los políticos senegaleses durante años. En este olvido también han influido motivos étnicos y religiosos, ya que allí los Wolof son minoría entre muchas otras etnias. Este abandono de la región junto con las diferencias culturales, propiciaron el nacimiento de un movimiento secesionista en 1982. Desde entonces, los enfrentamientos entre el ejercito senegalés y los rebeldes han causado miles de muertos y heridos, muchos de ellos a causa de minas anti-persona. Los rebeldes se encuentran principalmente en las zonas fronterizas, y en el interior de la región. Para evitar robos y secuestros, las carreteras de la zona son cortadas por las noches y las embajadas internacionales recomiendan no salirse de la carretera que lleva a la zona turística (Cap Skirring). Pero la situación realmente no es tan dramática, y la zona es relativamente segura. Prueba de ello es la gran cantidad de ONG’s internacionales que operan allí.

 

Dejando el conflicto a un lado, nosotros habíamos oído hablar de La Casamance por su paisaje y, desde que decidimos viajar a Senegal, todo nos estaba guiando en aquella dirección. Ya teníamos pensado visitar un proyecto de cooperación ahí, y Jara nos dio unos cuantos contactos interesantes a los que llamar.

 

Arquitectura tradicional de la región de Kolda, en el interior de La Casamance

Arquitectura tradicional de la región de Kolda, en el interior de La Casamance

 

Antes de dejar Dakar, hacemos las visitas turísticas de rigor, esperando la salida del barco que nos llevará a La Casamance. Cuatro años después volvemos a pisar el mercado Sandagá, el cual representa totalmente la frase de Kapuścińsky en Ébano, donde dice que la vida en África gira en torno a los mercados. Millones de pequeños puestos a los dos lados de la calle, forman laberintos muchas veces sin salida. Manadas de gente abarrotan las calles entre un tráfico y un calor infernal. Dos blancos con mochilas resultan muy atractivos para los vendedores ambulantes de souvernirs, hasta el punto de que no podemos caminar solos más de unos minutos.

 

En nuestro camino se cruza Momo, un joven senegalés que estuvo viviendo en Barcelona, y que con un par de bromas y muy buen hacer, nos engancha para visitar la tienda de su hermano. De camino paramos a tomarnos un té que ofrece un mujer instalada sobre un taburete al borde de la acera. Entre sorbo y sorbo, Momo nos cuenta como han proliferado en estos últimos años los negocios llevados por europeos: “El problema es que los únicos emprendedores aquí son siempre los blancos, mientras que los senegaleses solo podemos ser empleados”.

 

Aparte  del mercado y  de algunas playas, Dakar no es una ciudad muy atractiva para el turista. Sin olvidar la obligada visita a Gorée. Esta isla fue uno de los puntos clave del comercio de esclavos en le época colonial, y todavía mantiene los edificios por los que pasaron millones de africanos, antes de partir para América. A media hora en ferry desde el puerto, Gorée no solo obliga al turista a una reflexión sobre la falta de humanidad de aquella época. La isla, además, alberga a multitud de artistas que aprovechan la belleza y la tranquilidad del lugar para crear e intentar vender sus obras al turista.

 

Pero pronto nos cansamos de ser dólares andantes, y abandonamos el bullicio poco aconsejable de Dakar. Tráfico, contaminación, ruido y sobre todo esa presión constante para que soltemos dinero, no son en absoluto representativos del país. Lo mejor está fuera. Nos subimos al ferry Aline Sitoe Diatta, el cual toma su nombre de una heroína del sur de la Casamance, que lideró una insurgencia contra la colonia francesa, y que se mantiene como uno de los símbolos de la resistencia en África Occidental. Tras quince horas de navegación, alcanzaremos nuestro primer destino: Ziguinchor, capital de la Casamance.

 

 
 

Texto: Antonio Grunfeld

Fotografía: Ramón Montero, Antonio Grunfeld, AFP

 
 

 

 

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4 Comentarios

  1. marina sagreda

    Muy bueno el reportaje, gracias. Yo conocí junto a mi esposo el Senegal al viajar con una ONG a la que pertenecíamos. Dejando aparte la dudosa utilidad de algunos de los proyectos y la más que dudosa utilidad de la forma en que los colaboradores locales gastaban las ayudas, lo que más nos chocó fue comprobar que buena parte de las personas integrantes de la misión en la que viajábamos, que eran casi todas mujeres, en realidad tenían como principal objetivo hacer turismo sexual. Muchos de los hombres que pululaban alrededor de la expedición, cobrando de ella, eran completamente innecesarios para la misión pero su presencia se justificaba por los servicios sexuales que prestaban a señoras que les doblaban y a veces casi triplicaban la edad. ¡Magnífica forma de convertir un proyecto honesto, sincero y generoso en algo indigno y repugnante! Pueden imaginar que hemos dejado de colaborar con esta gente y de relacionarnos con ellos, pese a que quedan personas honestas (pero poco sensatas) en esa organización.

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  2. Antonio Grunfeld

    Gracias Arturo y Joseba, me alegro que os guste!!

    Ya voy a mandar el segundo artículo, y en principio tengo seis cerrados…hablaré con los chicos por si le quieren meter más caña a la periodicidad!!

    Un abrazo y gracias de nuevo!!

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  3. Arturo Santamaría

    Da la impresión de que va a haber más textos relacionados. A ver si los leemos pronto… una entrada a la semana a veces se me queda corto.

    Senegal es un país al que aún no he viajado pero espero hacerlo muy pronto. Me viene muy bien este tipo de textos que informan sobre lugares poco conocidos y que son muy atractivos
    Gracias Antonio Grunfeld

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  4. Muy interesante y prometedor, deseando leer la segunda parte y esperando que haya mas de dos. Enhorabuena Antonio.

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