Domingo , 21 julio 2019
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El paseo del alma en Indonesia

Deidad indonesia. Foto: Mig

Deidad indonesia.
Foto: Mig

¡Una manifestación! …eso pensaba cuando estaba todo el pueblo en la calle, cantando, bailando, gritando enfervorecidos.
Estamos en Indonesia, donde los pueblos son pequeños en densidad pero muy extensos, al estilo del norte de la península ibérica. Me sorprende que en un pueblo indonesio haya cerca de trescientas personas en la calle reunidas.

 

Preguntamos…

 

No es una manifestación, nos dicen riendo, es una celebración, todos participan en la tarea de llevar en volandas una tarima de madera sobre la que se sostiene una figura de dos metros de largo por uno de ancho. Es una figura que representa un animal de material duro, bien pudiera ser madera, revestido de fieltro y generosamente decorado, objetivo del lanzamiento de continuas salvas de flores por parte de los espectadores.
 
“…Era una persona importante, un anciano muy venerado y rico…”, continúa el relato de Wayang, así se llama la persona con quien hablamos. “El ataúd con forma animal ha costado mucho dinero y ha de ser lo suficientemente estable para transportar el cadáver del fallecido”. Es el paseo del alma en Indonesia

 

- ¿Y por qué los porteadores corren, paran y giran inesperadamente? ¿Por qué giran de un lado al otro de forma imprevisible, por qué esos movimientos hacia adelante y hacia atrás? Parece que quieren que el animal caiga.

 

- ¿Quieres decir que en vuestro país no se hace así? -nos devuelve la pregunta Wayang, mientras nos mira incrédulo.

 

- ¿Hacer qué? -respondemos.

 

Wayang ríe, ríe con soltura, “europeos tan avanzados y no hacen lo que nosotros hacemos” (paradojas de los viajes).
 
- Es muy sencillo -prosigue- cuando una persona muere, su alma se libera del cuerpo para instalarse en otra persona y así continuar el ciclo de su karma. El alma es caprichosa, ha tomado cariño al cuerpo en el que vivía y no desea abandonarlo. Desea volver a su hogar, a la casa en la que vivió hasta la muerte del anciano. Esa es la razón, por eso bailan la plataforma, el alma caprichosa quiere volver a su casa y nosotros nos encargamos de despistarla para que se libere y encuentre su nuevo acomodo. Estáis invitados a asistir a toda la ceremonia, venid con nosotros.

 

Así de simple, así de sencillo, así de fácil…

 

Altar con la imagen del fallecido. Foto: Mig

Altar con la imagen del fallecido.
Foto: Mig

Es imposible imaginar que en España (o en Europa) un occidental invite a un turista a un entierro, es inimaginable, yo no lo he visto nunca. Por muy bien que se pueda tomar una situación de este tipo y aunque el entierro pueda convertirse en un encuentro familiar agradable en lugar de un baño de lágrimas, es impensable que un grupo de turistas que pasan junto al lugar del entierro y educadamente ofrecen sus respetos a los familiares, sean invitados a la ceremonia. Y si por una de esas cosas que ocurren una vez en la vida, son invitados… ¿acaso ellos aceptarán? ¿Acaso estos turistas occidentales se sentirán cómodos y acogidos, como si de una fiesta se tratara? Lo dudo, lo dudo mucho. Me pregunto si en Occidente no hemos perdido la frescura de tomar las cosas tal y como aparecen.

 

Y sin embargo, fuimos invitados y aceptamos de buen grado, siempre respetuosos, siempre preguntando a Wayang cómo debíamos comportarnos para mostrar el mayor de los respetos al venerado anciano.

 

Ahora formamos parte del séquito que lleva al anciano al lugar de la cremación. Es una explanada amplia con diferentes puestos de “sate” y otros tipos de comida. Hay más gente esperando la llegada del anciano. En la explanada destacan dos elementos: una especia de altar engalanado en oro -o material sustitutivo- con la imagen del finado, y una especie de féretro descubierto creado con grandes piezas de bambú verde. El altar está situado a unos 15 metros del féretro de bambú, custodiado por la familia del anciano. Parece que es el lugar indicado para presentar respetos a la familia. Así lo hacemos nosotros.

 

Ofreciendo ofrendas. Foto: Mig

Depositando ofrendas como muestra de respeto.
Foto: Mig

Después de innumerables rezos, instalan al anciano en el recinto de bambú verde. Manos expertas manipulan por debajo y en un par de minutos comienza a ser visible el humo; no fuego, solo humo. Todo aquel que lo desea desfila ante el féretro, presenta sus respetos y deja una ofrenda. Nosotros hacemos lo mismo ante la atenta mirada de los allí congregados. Hemos comprado ofrendas de flores y comida, las depositamos en el interior del féretro. Puedo observar que está embalsamado -Wayang nos ha explicado que hace ya tres días que murió, han de embalsamar el cuerpo para evitar malos olores y permitir así que se desarrollen las ceremonias oportunas. Además, está cubierto con finas telas blancas y todo tipo de ofrendas que han ido depositando sobre el anciano los que desfilan ante él. Yo no tengo mucho que ofrecer, pero me parece una ocasión perfecta para desprenderme de la pulsera de piel que llevo desde hace años; descanse en paz junto a este anciano. Es mi modo de agradecer el trato recibido.
 
Los familiaries nos indican el lugar que debemos ocupar entre tanto trasiego humano. Nos corresponde estar junto a la familia, pegaditos al altar; es un honor que nos hacen, según explica Wayang. Sin embargo, nosotros no entendemos muy bien por qué nos hacen ese honor, nos consideramos iguales a ellos, pero por lo visto, no comparten nuestra opinión. No queda otra alternativa, tenemos que sacar a relucir nuestra buena educación y dar las gracias a todo el que se acerca a hablar con nosotros. Wayang nos dice que debemos ponernos el sarong y la cinta que rodea nuestra cintura. “Hay que vestir con decoro”, nos dice. Le hacemos caso, llevamos el sarong y la cinta preparada siempre por si tenemos que entrar en algún templo.

 

El hecho de haber sido invitados a permanecer junto al altar, me ha hecho recordar dos situaciones ocurridas en otros lugares, en las que la actitud de otras personas afectó a nuestro comportamiento, una en Perú y otra en Etiopía. En las dos querían que hiciéramos algo que ni debíamos ni queríamos hacer, pero con educación y buenas maneras por parte de los paisanos y por la nuestra, conseguimos disfrutar de viajes muy placenteros -viajes largos de autobús-.

 

He comprobado en diferentes ocasiones que cuando te enfrentas a alguien, sin que la sangre llegue al río, si utilizas la educación como arma disuasoria, en lugar de crearte enemigos ganas amigos. Como consecuencia hicimos dos trayectos en perfecta armonía con nuestros compañeros de viaje. Nelson Mandela dijo “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”… Aunque no siempre consiga utilizar ese “arma”, no puedo estar más de acuerdo. Prometo escribir haciendo una reflexión sobre el por qué de estos comportamientos, ¿me lo recordaréis?

  

Hombre embalsamado. Cremación. Foto: Mig

Hombre embalsamado. Cremación.
Foto: Mig

El desfile me parece interminable, es curioso observar el ciclo humano que se ha generado. Los que no traen ofrendas pasan en primer lugar por los puestos ambulantes, compran lo que les parece más adecuado; se reúnen con los que sí las traían y comentan, comentan lo importante que resulta llevar ofrendas para los dioses. No hace falta que nos acerquemos, Wayang ya se encarga de llevarnos allí donde están departiendo estos asuntos. Nos explica la diferencia que existe entre las ofrendas que se colocan en el suelo y las que se colocan en alto, son para diferentes dioses, unos comen de arriba y otros de abajo, aunque lo cierto es que, a los único que vimos comer esas ofrendas fueron ratones, ¡incluso en restaurantes! En realidad son ratones de campo, nada importante.

 

En media hora la pira mortuoria se eleva mas de dos metros por encima del bambú. Y en media hora más, los expertos enterradores se afanan en golpear los huesos que aún no se han quemado -impresionante sonido cuando sabes qué están golpeando-, el cuerpo ha de quedar completamente reducido a cenizas.

 

Durante ese tiempo permanecemos con la familia junto al altar, charlamos, reímos, somos interrogados, interrogamos, damos las gracias mil veces “teri makasi”, hacemos reverencias a los hijos, tíos, sobrinos, primos y demás familia. Wayang se ha convertido en nuestro intérprete oficial, mas tarde se lo agradeceremos como es debido. Todo son sonrisas hacia nosotros, están encantados de que estemos allí y nosotros nos afanamos en hacerles llegar nuestro agradecimiento por habernos permitido asistir a la ceremonia.
Tocan los brazos de las mujeres, les sorprende mucho que tengan vello en los brazos, ellas no lo tienen, ¿cómo puede ser?… Ríen y se fotografían con ellas, cerciorándose de que los brazos se muestren en primer plano.

 

Templo indonesio. Foto: Mig

Templo indonesio. Foto: Mig

Sin darme cuenta, explico por qué nosotros no vemos las mismas estrellas que ellos, por qué nosotros vemos la Estrella Polar, que nos indica el Norte, y ellos ven la Cruz del Sur, que les indica el Sur… Ríen, se mofan, me toman por un chalado. Ahora explico que conducimos por la derecha y no por la izquierda, mismo resultado, miradas atónitas, risas descaradas y caras de incredulidad.
 
No ocurre lo mismo cuando preguntamos qué harán con las cenizas del anciano; se acerca un familiar importante y nos dice que es un asunto personal, no pueden decirlo ya que las cenizas son sagradas, aunque seguramente acabarán en un templo… Nos disculpamos, parece que hemos hecho una pregunta impertinente, pero no le han dado importancia ninguna y continuamos charlando animosamente.
Yo soy un preguntón, no lo puedo evitar, lo que provoca que haya risas a mi alrededor e incluso jueguen a ponerse las esposas como si se tratara de un interrogatorio.

 

Cae la tarde, estamos cansados y le decimos a Wayang que queremos retirarnos, no sabemos si es posible o no…

 

- Por supuesto, ustedes son los invitados y pueden hacer lo que quieran.

 

Damos las gracias otras miles de veces… ¡Qué gentes tan amables y simpáticas! Y nos decidimos a partir con una sonrisa tonta en la cara. Es la sonrisa de aquellos que acaban de vivir una jornada difícil de olvidar y quién sabe si volverán a vivir alguna vez. Es uno de esos regalos que la vida te ofrece cuando viajas.

 
 

Mig

 
 

 
 

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3 Comentarios

  1. Magnífica crónica y buenas reflexiones “… hemos perdido la frescura de tomar las cosas tal y como aparecen” Gracias por el relato y empujar a la vida.

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    • Inshala_Mig

      Muchas gracias, me alegra mucho que te guste la entrada. Es cierto que se ha perdido esa frescura, pero yo soy de los que cree en que cuando la sabana se quema es para mejorar la vegetación del año siguiente… Nunca hemos de perder la esperanza, aunque a veces sea difícil.
      Y gracias también por tu empujón…

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  2. Uauuuuu!!! menudasuerte haber vivido una experiéncia tan increiblemente especial!! desde luego hay que saber aprovechar las oportunidades que te va brindando un viaje…
    A ver cuando nos cuentas lo de Perú y Etiopía!! :-)

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