Miércoles , 27 mayo 2020
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El tren de la Luna. Mombasa-Entebbe

 

Barcelona, febrero de 1901. Mi editor me convocó a una reunión…

 

 

Sir Frederick Lugard. Ideologo del Tren de la Luna

Sir Frederick Lugard

“¿Conoce usted a Frederick Lugard? Los británicos están construyendo un ferrocarril desde la costa hasta orillas del lago Victoria. Con él quieren dominar toda esa zona de África, Tanganika, Kenia y la zona al norte del lago Victoria*. Vaya allí y entreviste al señor Lugard.”

 

* N. del A.: Actual Uganda 

 

 

Mombasa, marzo de 1901.

 

Son unos 1.200 km de línea férrea, una obra descomunal –al estilo británico– que recorre una tierra en la que abunda la fauna salvaje y donde habita una de las tribus más belicosas de África, los Masai.

 

 

Mombasa, estación de tren.  Fotografía: www.gandalfsafaricamp.de

Mombasa, estación de tren.
Fotografía: www.gandalfsafaricamp.de

Ayub, uno de mis contactos africanos, me dijo que los nativos le llaman el “tren de la luna” o “tren lunático” porque una parte del trazado transcurre junto a las “Montañas de la Luna” que dan origen al lago Victoria y, por lo tanto, al majestuoso río Nilo. También recibe ese nombre por lo que está aconteciendo durante su construcción y por la descabellada ingeniería que se está empleando ante la magnitud de los problemas orográficos que se presentan.

 

La mayoría de los hindúes que trabajan aquí pertenecen a las castas más bajas de la sociedad india. Huyendo de la calle y del rigor de sus compatriotas de castas superiores desconocen a qué han venido, les basta con saber que aquí tienen un futuro y una vida por delante. Se les ha contratado por treinta rupias al mes, con derecho a instalarse en África si así lo desean.

 

Desconocen la razón por la que los británicos están realizando esta obra de ingeniería tan descomunal. Desconocen que están siendo partícipes de la colonización del interior de África. Hasta ahora, el trayecto entre Mombasa, en la costa, y Entebbe, junto al lago Victoria, supone tal riesgo para las caravanas que lo transitan que no permite desarrollar el comercio hacia el interior del continente.

 

El trabajo es muy duro, los indios hacen jornadas de más de 12 horas bajo un intenso calor. Un trabajo extenuante. Muchos muertos, miles de muertos, el coste en vidas humanas es elevadísimo. A lo largo de las obras se producen demasiados accidentes. Si esto sucediese en Inglaterra sería un auténtico escándalo. Pero estamos en África, aquí lo más importante es el Imperio y abrir el comercio hacia el interior del continente.

 

El mapa muestra el trayecto que recorre el “Tren de la luna”

 

A pesar de lo dicho, la mayor causa de mortandad no son los accidentes que se producen en las obras, ni la falta de higiene. Es algo mucho más natural: se trata de los leones. La zona por la que transcurre el ferrocarril es un cazadero habitual para gran cantidad de fauna salvaje. Es frecuente ver manadas de cebras, ñúes, búfalos, impalas,… Y, como es lógico, ante tanta abundancia de presas no podían faltar las fieras salvajes: guepardos, leopardos y leones.

 

Especialmente los leones.

 

Aparecen sin avisar, furtivos y mortales. Se llevan a un trabajador al que sólo se le escucha gritar un segundo.

 

Y desaparecen…

 

Cuando es una manada de leonas la que realiza su ataque la situación podría resultar incluso cómica si no fuera porque hablamos de vidas humanas. Las leonas lanzan su ataque hacia la masa de hombres que se afanan en su trabajo, pero no son letales en su ataque, no lo necesitan. Han desarrollado una estrategia de ataque absolutamente eficaz y que no supone casi ningún gasto de energía.

 

Cuando atacan treinta o cuarenta leonas su intención es espantar a los hombres, y lo consiguen. Algunos corren despavoridos, sin sentido. Esos son los primeros en ser devorados. Sin embargo, la mayoría se sube a los árboles, a esas grandes y bellas acacias que hay en la sabana africana. Las leonas permanecen tranquilas, ya tienen a su presa donde querían. Se tumban debajo de los árboles a devorar a los pocos hombres que ya han cazado. Los árboles están atestados, repletos de indios y, a pesar de ser grandes y robustos, la carga humana que soportan es tan elevada y tan imposible de aguantar que termina quebrándose alguna rama. Es la fruta madura, los trabajadores que caen al suelo no tienen ni tiempo para correr. Son devorados al instante por las leonas ante la mirada horrorizada de los que aún están en los árboles. El terror produce agitación y miedo, lo que favorece más aún al trágico final de algún desgraciado.

 

Esta situación puede durar horas, hasta que las leonas han devorado toda la carne que necesitaban y más. No hay suficientes hombres armados que puedan disuadir a las leonas; además, no son expertos tiradores y se asustan igual que los indios. No son de gran ayuda.

 

Hay algo más. Dos leones que están aterrorizando a los trabajadores, atacan los campamentos, de noche, con total impunidad, toman su cena humana y se marchan sembrando el terror allá por donde pasan. “El diablo ya está aquí”, dicen los indios.

 

La situación es tan incontrolada, que ha provocado la mayor huelga que he presenciado nunca.

 

La Compañía encargada de la construcción del ferrocarril, dirigida por Lugard, ha decidido tomar cartas en el asunto. Son demasiadas pérdidas humanas y demasiado importante el retraso que produce esta situación en las obras. Los trabajadores tienen miedo, mucho miedo –quién no lo tendría– y su capacidad se ve mermada considerablemente.  Se ha decidido contratar a un cazador  profesional llamado Patterson para que ponga fin a este “inconveniente” –es así como lo denomina Lugard–.

 

La táctica elegida es la habitual en estos casos. Se ha preparado un vagón de tren con una compuerta frontal que se puede subir o bajar. Durante toda la noche, Patterson y sus compañeros se apostan en el interior del y realizan turnos de guardia a la espera de que aparezcan los leones. Debo de estar loco porque en esta ocasión he decidido quedarme con ellos y pasar la noche en vela a la espera de que aparezcan.

 

Y ocurre lo que nunca debe ocurrir. El vigía se ha quedado dormido, y yo también. Me despierto con una presión enorme en el pecho que no me permite moverme, acompañada de un olor insano y desconocido para mí… Es la pata de un león que está afanado en matar al cazador que tenía a mi lado. Me ignora, sigue con su tarea. Me patea, ¡estoy siendo pateado por un león!

Cuando consigue hacerse con el cadáver intenta salir, pero la compuerta se ha cerrado cuando el león ha subido por ella –está preparada para funcionar de ese modo–.

 

Nairobi, estación de tren Fotografía: http://www.gandalfsafaricamp.de

Nairobi, estación de tren
Fotografía: http://www.gandalfsafaricamp.de

De nuevo la situación es inverosímil. El león intenta escapar con su presa por una de las pequeñas ventanas desde las que deberían estar apostados los cazadores. Tan sólo hay uno despierto (Patterson no solía estar presente en las guardias nocturnas, al menos hasta ese día) pero está paralizado por el terror, no acierta a moverse, no es capaz de coger su arma y disparar a un blanco fácil, atareado en conseguir salir por la pequeña ventana. La escena dura unos tres minutos. Los tres minutos más largos de mi vida. Finalmente el león consigue salir por la ventana pero nosotros continuamos petrificados, muertos de miedo.

 

El tren de la luna se está forjando su fama de lunático. Los datos son concluyentes, hasta la fecha han muerto más de 10.000 trabajadores indios, en su mayoría por ataques de fieras salvajes. A pesar de todo, que nadie dude que los británicos anexionarán Uganda y se harán con el control estratégico de toda esta zona de África. El Imperio no se detiene ante nada.

 

Mi mujer me pregunta por qué acepto este tipo de encargos, pero yo sé muy bien la razón. Quiero sentir, vivir en primera persona, quiero poder narrarlo, ¿de qué sirve una aventura si después no puedo contarla en mi periódico? Y a mi hija pequeña cuando se va a dormir.

 

                                                                                                                         Mauro Villa de Gea (el viajero en el tiempo)

 

 

 

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6 Comentarios

  1. Magnífica historia de los tiempos coloniales. Hoy en día los leones siguen siendo temidos y venerados en esta parte de África a pesar de haber perdido gran parte de su hábitat y ser cada día menos abundantes.

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  2. Impresionante historia, desde luego la realidad vuelve a superar la ficción una vez más. Yo tampoco conocía este tren. Muchísimas gracias por acercarnos a una aventura así… Esperamos maaas !! :) :)

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  3. Una historia real que fue llevada al cine con un escaso éxito (“Los demonios de la noche”, protagonizada por Val Kilmer y Michael Douglas). A pesar de los años, los leones de Tsavo siguen poniendo la piel de gallina… como en este relato.

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    • Inshala_Mig

      Así es Judit, la historia de la construcción del tren lunático está repleta de momentos cinematográficos como el que tú has comentado y totalmente reales. Quien hubiera estado allí para vivir en primera persona aquellas grandes aventuras.
      Muchas gracias por tu comentario!!!

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    • Uy ! tampoco conocía esta peliculaa, tomo nota… la veré seguro. Fíjate la de cosas que vamos aprendiendo por aqui! jeje

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  4. Un proyecto de locos…! muy acorde a otros tantos de la época…
    Gracias por el mapa del trayecto, no conocía este tren y mucho menos su ambicioso recorrido.
    Y gracias por atreverte a vivir experiencias de este tipo que no llegaría a conocer por mí misma…seguro!

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