Domingo , 23 febrero 2020
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Los Archivos fotográficos y “los otros”

 

Nuestro amigo el fotógrafo Javier Selva, nos envía esta entrada en la que hace una reflexión sobre los amigos que ya no están y las sorpresas que nos puede deparar ver fotografías de viajes en el tiempo. En este momento se encuentra preparando uno de sus talleres fotográficos esta vez en Bolivia. Este es su enlace para mas información:   “Expedición fotográfica Bolivia 2013

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                Pepe

 

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Para Fernando Marne “Nandoti” in memoriam.

Para Oscar y sobre todo Marta que se le iluminaban los ojos hablando de mi amigo.

Campamento de altura

Campamento de altura.Bolivia.Foto: @Javier Selva

Esto de revisar los archivos fotográficos antiguos es lo que tiene. Cuando uno se enfrenta a las hojas transparentes llenas de diapositivas de hace tantos años, lo hace de una manera especial. Por muchos motivos. Uno por la falta de costumbre de tratar, después de tantos años, con esto de las diapositivas. Ya no tenemos mesas de luz, ni visores, ni ná de ná que nos permita mirar con naturalidad una transparencia. Uno busca con ansiedad una ventana, una lámpara o un punto de luz que necesariamente nos proporciona una imagen de la diapositiva siempre diferente. ¿Cómo era esa foto? ¿ese tono magenta o cian es suyo o son los años o la luz de la cocina sobre la que la estoy mirando….? Pero eso no es grave, las imágenes del pasado siempre están distorsionadas y llenas de dominantes. También en nuestros recuerdos.

 

Lo peor no es eso. Lo malo es que nos devuelven las imágenes de “los Otros”. Decía Bettembourg que cuando miraba la foto de un grupo de amigos alpinista en la que aparecían algunos que habían fallecido, era como si un arquero estuviese disparando sobre una diana. En un ataque de pesimismo gigantesco pensaba que, sin poder moverse, las flechas iban dando, uno tras otro, en sus compañeros. Y su conclusión era que, tarde o temprano, una de esas flechas sería para él. Murió en 1983 en los Alpes, a los 32 años, mientras buscaba cristales de roca poco después de escribir esto.

 

Acabo de volver de un taller de fotos en las Islas Lofoten, en Noruega. Ha sido una experiencia intensa, visual y humana. No siempre ocurre, pero a veces el paisaje sirve de pócima alucinógena y afrodisíaca y actuando como un narcótico ejerce sobre la gente un efecto que hace que la realidad sea embriagadora. Eso paso este año en Lofoten. En una de las interminables charlas con dos de las personas que participaban en el taller, de León, tuve la desagradable noticia de que mi buen amigo Fernando Marne, Nandoti, había fallecido. Fernando era uno de esos amigos que se hacen en la montaña y con los que se crea un vínculo que la distancia y el tiempo no logra romper. De los que acabas sabiendo por amigos comunes o por las reseñas de sus vidas en las revistas o en Internet.

 

Travesía en los Andes

Travesía en los Andes.Bolivia.Foto: @Javier Selva

Siempre le recordaré en la cima del Huascarán con aquel chubasquero largo, que llamábamos kagul, mientras nos hacíamos una precaria foto de cordada en la cima, en el año 1989. De cómo era Nandoti, de él y el personaje que había creado con los años, solo tenéis que preguntar a los muchos que le conocieron. Yo le seguía, como se sigue a estos personajes, por su leyenda.

 

Al enterarme de su muerte casi no sentí ni pena. Para mí Fernando ya era parte de esos recuerdos que, como dice Bono (sí, sí, José Bono, el de Castilla La Mancha), me ayudan a vivir. Pasamos un buen rato recordando las andanzas del personaje y yo contando como fue el encuentro con Fernando deambulando por las calles de Huaraz en aquellos años de apagones, senderos luminosos y juventud precaria. Todo un homenaje póstumo a un personaje que vive después de muerto.

 

Vuelvo a poner patas arriba mi archivo fotográfico buscando imágenes de Bolivia, de cuando el mundo eran transparencias magentas del año 1991. Repaso parte de mi pasado y de un país que sin duda ya no será así. Estoy preparando un nuevo experimento fotográfico, esta vez en Bolivia “Expedición fotográfica Bolivia 2013“. Quiero regresar a un país que me hizo feliz y del que sé que podremos sacar muchas experiencias visuales y humanas.

 

Templo Tiahuanaco

Templo Tiahuanaco.Bolivia.Foto: @Javier Selva

Y de repente, en una de las diapositivas aparece Fernando, Nandoti. No puede ser, no recordaba haber estado en Bolivia con él, hace tan solo unos días repasé con sus amigos de León nuestro historial conjunto, y esto no estaba. Pero no creo que las fotos mientan. Fuerzo un poco mi memoria (este Alzheimer me va a matar). Poco a poco los recuerdos comienzan a dibujarse en mi cabeza. En efecto sí que estuvimos juntos, y escalamos el Condoriri y el Huayna Potosí. Y ahí está, en mis fotos, como si no pasase nada. Se me pone la piel de gallina.

 

Son “los Otros”, los que están en nuestras fotos, en nuestras cartas, en nuestros recuerdos, pero ya no están. Cada vez entiendo más a las tribus que piensan que si te fotografían te roban el alma, te hurtan la posibilidad de morir de verdad, con el olvido.

 

Como una gran diana, veo mi archivo fotográfico lleno de flechas que han hecho blanco. Y no solo por los que ya no están. También por los que estando no reconozco y es como si no estuvieran. Y yo entre ellos, como diría Gil de Biezma: “Ahora que de casi todo hace ya veinte años”.

 

Pues eso, y mucho más, son nuestras antiguas diapositivas…

 

 

                                                                        Javier Selva

 

 

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10 Comentarios

  1. Me he quedado prendada de esta historia en su conjunto, por lo que cuenta y por lo que invita a pensar…mil gracias por compartirlo.
    Yo también me sumo, expectante, al deseo de llegar a ver esa imagen (que mi imaginación ya inventa sin remedio) y leer ese post sobre las fotos como fuente de la memoria…

    —————————————-

    Hay veces, cuando miro ciertas fotografías, que me sorprendo por cómo disuenan con el recuerdo que yo tenía de aquello que evocan…y me doy cuenta cómo consiguen corregir en algo el error de distorsión de mi propia memoria. Y al revés, mi memoria ayuda a corregir parte de la distorsión que creo que tiene toda fotografía sobre la realidad. Y después está esa esencia que se guarda en lo más profundo, a la que se acaban de referir en el anterior comentario y que yo ubico más en lo emocional, que no se deja modificar ni por la imagen ni por la memoria. Es la magia de la interacción de estos tres vehículos (fotografía, memoria y emoción) para revivir lo que ya no está lo que hace que siga acudiendo a mis álbumes como medida para no olvidar…

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  2. No solo al ver nuestras viejas fotografias nos damos cuenta de como esas flechas de las que nos habla Javier Selva van haciendo diana en las personas que forman parte de nuestro paisaje vital, sino también de como nuestros recuerdos evolucionan y se transforman como si se mantuviesen vivos en un universo paralelo. Gracias Javier me identifico plenamente con tus palabras.

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    • Gracias a ti Joseba, ese universo paralelo del que hablas me recuerda al genial verso de Machado “…converso con el hombre que siempre va conmigo”. Ese universo paralelo que siempre va con nosotros…

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  3. Un relato precioso. ¡Enhorabuena!

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  4. La piel de gallina, Javier…
    Me has hecho comprender por primera vez la razón de la creencia de esas tribus.
    Pero… qué dilema, ¿no? ¿Qué opción elegimos? ¿Les seguimos teniendo con nosotros, en esas fotografías? ¿O les dejamos marchar finalmente?… ¡uf!
    Precioso relato…

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    • Gran dilema…si, pero yo elijo tenerlos con nosotros también en fotografías :)

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    • Muy buena reflexión Sonia y Cris. Me acabo de acordar de un póster que vi en mi último viaje a Peru, me impresionó tanto que se lo pedí al dueño del garito donde estaba colgado y fui capaz de recorrer medio país y múltiples aduanas hasta traerlo a la pared de mi estudio donde hoy esta enmarcado. Es una foto en blanco y negro de una mano maltratada, sin duda de algún humilde campesino, que sostiene entre sus dedos una foto de carnet en la que el rostro está prácticamente borrado. En el póster pone: Yuyanapacha, tiempo de la memoria. Es el cartel publicitario de anunciaba la Muestra Fotográfica de la comisión de la Verdad y Reconciliación.Fue la comisión que en Peru se encargo de arrojar luz sobre los miles de desaparecidos y asesinados de los años de plomo de los descerebrados de Sendero y del cabrón de Fujimori.
      Aun hoy sigo pasando tiempo mirando este cartel en el que, de una manera genial, el observador identifica maltrato, desaparición, injusticia con una foto en la que el rostro del sujeto esta borrado.
      Las fotos como fuentes de la memoria, las fotos como comienzo del olvido.
      Quizás escriba un post sobre esto e incluya la imagen para que podáis ver la fuerza que tiene.
      Muchas gracias a las dos

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    • Una fotografía encierra un momento, encierra un misterio en sí misma, es todo y nada, es nada y todo. A veces ocurre que antes de situar como es debido -cada uno a su manera- un hecho en nuestra mente, necesitamos usar catalizadores, elementos externos que nos ayuden en esa tarea. Tal es el caso de la fotografía, ayuda a recordar, a sentir más viva una presencia… Con el tiempo creo que esa “necesidad” va desapareciendo para dar paso a un modo de entender más profundo, menos cercano a la superficie. Creo que es el momento en el que te desligas definitivamente de la materia para guardar en lo más profundo de uno mismo la esencia misma de quien aparece en esas fotografías.
      En ese punto pasan a ser un precioso recuerdo, una imagen viva -si, viva- de quien aparecen en ellas. Deja de ser un elemento necesario, para convertirse en una estupenda vivencia digna de recordar porque no hay que olvidar que cuando se recuerda, se rememoran momentos vividos, aventuras antiguas que vuelven a tomar fuerza que cuando se recuerdan y se cuentan, es como si las volviéramos a vivir.

      Javier, desde aquí te animo a que escribas ese post con la imagen de la que hablas… ya estoy deseando leerlo, tanto como el post que da lugar a este hilo.

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