Lunes , 17 febrero 2020
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Los que no tenemos pueblo. Recogida de aceitunas

 

Paisaje, olivares.Fotografía: Pablo de la Sierra

Paisaje, olivares.Fotografía: Pablo de la Sierra

Y es que somos muchos los que no tenemos pueblo y quisiéramos tenerlo, pero cuando tus padres nacen en la misma ciudad en la que vives, o está demasiado lejos, esto se convierte en una utopía.

 

Desde pequeño te pasas la vida escuchando a tus compañeros de clase y amigos… “este fin de semana me voy al pueblo” o “este verano lo pasaré en el pueblo”. Los que no teníamos pueblo sentíamos una punzada de envidia ya que a nosotros también nos gusta ir a bañarlos al río, jugar todo el día en la calle sin ningún riesgo, recorrer sus calles o alrededores como si aquello fueran tus dominios, unir a la pandilla con solo andar 100 metros. Eso es un buen verano, eso es disfrutar.

 

Para ser justos hay que decir que en la mayoría de los casos te invitaban a pasar unos días al pueblo, “¡Claro que puedes venir, cuando tú quieras!”, te decían. Y la verdad es que así lo hemos hecho todos en mayor o menor medida, hemos aceptado su invitación.

 

Olivas en el olivo. Fotografía: Pablo de la Sierra

Olivas en el olivo. Fotografía: Pablo de la Sierra

Ahora, con el paso del tiempo, nos hemos hecho mayores y aunque seguimos yendo siempre que nos dejan, también vamos a hacer más cosas. No queremos perder ese vínculo de unión. En mi caso, las últimas veces que hemos ido al pueblo de nuestra amiga Yolanda ha sido para recoger aceitunas y no será porque ella no nos ha invitado más veces, siempre lo hace. Es que nos gusta ir a ayudar a recogerlas.

 

Tienen tres terrenos heredados de sus abuelos en los que hay alrededor de 80 olivos, muy cuidados por un agricultor que vive en el pueblo. Nuestra labor es ir a trabajar duro durante el fin de semana y recoger toda la aceituna posible de todos los olivos que hay en los terrenos. Es una tarea que de otro modo tendrían que hacer ellos solos, así es que están encantados de tener una cuadrilla de seis a ocho peones a su disposición.

 

Este viaje se ha convertido en tradición para nosotros, guardamos un fin de semana al año para recoger la aceituna del pueblo de Yolanda, y lo hacemos encantados. Todos los años, esto también es tradición, el padre de Yolanda guía a la cuadrilla de jornaleros en la que nos hemos convertido. Nos guía con la sabiduría de un hombre que realiza esta labor desde que era un niño. Nos habla con energía, nos regaña si perdemos el tiempo, nos anima a hacer el trabajo con rapidez y nos indica cuándo es menester subirse al olivo y varear desde arriba, o cuándo es conveniente recoger aceituna del suelo (¡Dios!, eso sí que es pesado). Es su labor, es su obligación hacerlo de este modo. Nosotros no nos enfadamos porque nos trate con energía, en realidad sabemos que lo hace con mucho cariño y con la confianza que sólo otorga el paso de los años. Conozco a esta persona desde hace 20 años.

 

Vareando. Fotografía: Pablo de la Sierra

Vareando. Fotografía: Pablo de la Sierra

¡Y lo que nos enseña! ¿Esta aceituna es del tipo “bola” o “cuernicabra”? ¿Qué aceituna es la que saca más aceite? ¿Este año está seca o va a pesar más? ¿Cuántos kilos crees que cogeremos este año? Él se ríe y  responde con paciencia, con la sencillez de la persona que lleva esto en la sangre y que se da cuenta de lo ignorante que puede ser una “rata de ciudad” cuando se enfrenta a la vida en el campo. Y es que es así, somos unos ignorantes. De nada nos sirve allí llevar la tarjeta del banco o saber cruzar con cuidado la Gran Vía. Allí él es el experto y nosotros los aprendices, como debe ser.

 

El día comienza pronto, para aprovechar al máximo las horas de luz ya que en enero aún no hay demasiadas. Al principio trabajamos con alegría, entre risas, charlando unos con otros, haciéndole la rosca al “jefe” para que no te mande recoger las aceitunas del suelo; después el día avanza y las risas iniciales se convierten en concentración en el trabajo jalonado de breves descansos para refrescarse con un buen trago de la bota de vino, y en ser lo más productivo posible.

 

Trabajando. Fotografía: Pablo de la Sierra

Trabajando. Fotografía: Pablo de la Sierra

Un fin de semana campestre que confirma que las tareas del campo son difíciles y duras. Cierto que ahora se utilizan máquinas para varear los olivos, no quiero ni pensar cómo sería el trabajo en los años 60. Debía de ser una labor increíblemente dura. Y además, ¡las máquinas no recogen las aceitunas del suelo! Quizá parece una tontería pero puedes recoger tranquilamente dos sacos de 25 kg cada uno. Eso es mucha aceituna.

 

La hora de la comida es reparadora, risas, amigos, más peloteo al jefe que por su parte se afana en agradarnos, “…toma, toma, ¿has probado estos filetes?, ¡y la tortilla está riquísima! ¡Y si le pones un pimiento encima…!”. Algún año hemos hecho lumbre para hacer unas costillas pero hemos desistido ya que sabemos que después hay que volver al trabajo y no hay tiempo para echar una siestecita que ayude a hacer la digestión.

 

El día termina cuando llevamos todos los sacos a la fábrica donde convierten la aceituna en aceite. Es un proceso muy mecanizado, ha perdido el sabor de lo antiguo donde podías observar cómo el aceite iba derramándose poco a poco (elaboración del aceite). Para nosotros hay un aliciente más importante, es el momento del recuento, es el momento en el que sabremos la cantidad de kilos que hemos recogido. Algún año hemos recogido 600 y otros más de 1.000. En realidad no tiene importancia, la familia de Yolanda no vive de esto, pero para nosotros es una cifra simbólica que nos hace conjurarnos para el siguiente año al grito de …

 

¡¡¡El año que viene más!!!

 

Belmontejo (Cuenca) es un pueblo de La Mancha. Aquí tenéis un blog hecho con mucho cariño.

 

Mig (uno de los que no tenemos pueblo)

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6 Comentarios

  1. Vivir en la ciudad y tener pueblo es envidiable, poder desconectar del mundanal ruido, disfrutar del campo, reencontrarte con tus orígenes y con familiares. Otra cosa es vivir allí teniendo en cuenta el abandono general que sufre el mundo rural en España, eso queridos amigos ya no es tan bonito. Abrazos

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  2. Yo tengo pueblo y son ciertas esas frases de “Este fin de semana me voy al pueblo…Este verano lo paso en el pueblo” Somos de Castilla y allí lo que haciamos de niños era ir a trillar, cómo recuerdo esos veranos , trillando con la yunta de mis abuelos, una de las vacas se llamaba jardinera, tambien recuerdo el cocido de mi abuela, nos lo traía a la era en su cestita de mimbre, hecho al fuego de la chimenea durante toda la mañana y aunque era el mes de agosto nos sabia a gloria.

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  3. El esfuerzo y sudor que se deja en la recogida de la oliva es una buena manera de pertenecer a su tierra si :-) Es una buenísima idea de tener un pueblo por unos días para los que no lo tenemos :) Y preciosas las fotos, realmente entran ganas de haber estado allí..

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    • Susana, muchísimas gracias por tu comentario. En la ciudad es más fácil olvidar la conexión terrenal que creo que se ha de tener. Mejor dicho, no es olvido sino exceso de otro tipo de estímulos que consiguen hacerme olvidar algunas cosas. Por suerte, cuando me doy cuenta, intento retomar el equilibro. Para eso y para muchas cosas más, recurro al pueblo de mis amigos…
      Las fotos son realmente buenas, Pablo es un excelente fotógrafo. Muchas gracias!!!

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  4. El año que viene más.
    Es duro, pero es muy muy agradable. Si algún año no vamos, es como que te falta algo ;)
    Ah, y luego están las tardes-noches en el bar, eso, no tiene precio…..

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    • Es toda una experiencia para aquellos que no podemos y en ocasiones no sabemos disfrutar (por desconocimiento) de las ventajas de tener “pueblo”

      Pablo, muchas gracias por tu comentario

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