Miércoles , 23 octubre 2019
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La Marcha de la Sal, la India y la dignidad

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Hoy os hablo, no de un viaje en sí, sino más bien de un acontecimiento que marcó un hito en la Historia de la India (y de la humanidad). Uno de esos relatos que Mauro Villa de Gea nos retransmitiría desde algún lugar en el tiempo; quién sabe, quizá en alguna ocasión nos lo cuente en primera persona… Una experiencia vital para muchos que vino a ratificar la valentía y la dignidad de un pequeño gran hombre, de esos que inspiran más allá de su propia existencia. Aquella Marcha de la Sal comenzó un día como hoy hace 85 años en Ahmedabad, y concluyó 24 días y alrededor de 350 kilómetros después en la costa del Océano Índico, convirtiéndose en uno de los hechos más importantes que llevaron a la India a su independencia del Imperio Británico.

 

 

Tras más de un siglo de colonización británica, en la India de 1930 se avecinaba una confrontación con el pueblo hindú en la que el virrey, lord Irwin, sabía que el ejército británico no tendría mucho que hacer. Pero Gandhi, fiel a su senda de la No Violencia y la resistencia pasiva, era consciente de que el control de su país dependía más de la colaboración entre su pueblo y no tanto de sublevaciones armadas para expulsar a los británicos del territorio hindú; y así, optó por convencer a sus compatriotas a ejercer la desobediencia civil. Meditó durante largo tiempo, semanas, en su áshram de los alrededores de Ahmedabad acerca de la forma más efectiva de utilizar la energía de tantos y tantos como se unieron a su lucha y, finalmente, encontró esa estrategia pacífica para alcanzar la libertad.

 

La Marcha de la Sal

Itinerario aproximado sobre mapa actual

El 2 de marzo de ese mismo año, Gandhi escribió una carta a lord Irwin en la que le hablaba de sus intenciones de resistencia pasiva si no se cumplían ciertas demandas, entre las que se incluía una muy significativa relacionada con el impuesto de la sal, básica para cualquier ciudadano indio. Le anunció que iría a la playa a recoger sal ilegalmente, y que invitaría a hacer lo mismo a todos los indios. La sal se convirtió, así, en un símbolo muy poderoso para su causa: considerándola un elemento básico para la sociedad hindú no debía ser gravada. El 12 de marzo Gandhi salió con 78 miembros de su ashram en Sabarmati, Gujarat, hacia el pueblo costero de Dandi.

 

A lo largo del camino se fueron uniendo a su marcha miles de simpatizantes, y era reconocido y saludado allá por donde pasaba. Sin embargo, el gobierno no hizo ningún intento de interferir (a pesar de que el Mahatma esperaba ser detenido antes de llegar al mar): temían que pudiera estallar una revuelta si lo hacían. Si no infringía las leyes, no podían arrestarle. Y, claramente, menospreciaron el movimiento que estaba naciendo… Cuanto más avanzaba, más publicidad conseguía Gandhi para su causa. Sus mensajes no solo iban dirigidos a su pueblo, sino al mundo exterior… y así lo reflejaron en sus medios los cientos de periodistas que se unieron a la marcha.

 

La Marcha de la Sal presentaba un gran dilema para los británicos. Si arrestaban a Gandhi, la India entera se levantaría en señal de protesta; pero si le permitían desafiar abiertamente las leyes, los británicos perderían el control irremediablemente. A lo largo de la Marcha, el Mahatma pidió a los jefes locales que dimitieran de sus cargos en el Gobierno, y se unieran a su empeño; y unos 140 de ellos lo hicieron. Mientras avanzaba, la gente iba difundiendo su mensaje: iba a desafiar las leyes, había que unirse a él. Y poco a poco, fue logrando su objetivo.

 

El 5 de abril, los manifestantes llegaban al mar. Un periódico americano publicaba en sus páginas: “Inglaterra perdió América por el té, y está a punto de perder la India por la sal”. Doce mil seguidores escucharon a Gandhi decir, justo antes de infringir la ley: “Coged un puñado de sal y pensad que vale 60 millones de rupias. Eso es lo que nos ha quitado el Gobierno con el monopolio de la sal”.

 

Aquel fue el principio de algo mucho más grande. Su ejemplo fue seguido por todo el país; de una punta a otra, los indios evaporaron el agua y recogieron la sal a plena luz del día, desafiando a los británicos. Fue la evidencia de que el gobierno colonial británico dependía del consentimiento de la opinión pública de la India.

 

Años después, en 1947, la India conseguiría finalmente su independencia.

 

                                                                                                          Huck

 

 

 

 

 

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