Viernes , 10 abril 2020
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Monstruos

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Cuando era pequeña, había un personaje de animación que poblaba mis pesadillas infantiles. Uno de aquellos monstruos creados por una mente genial, que lograba que se me erizara el vello cada vez que lo rememoraba. Lo cierto es que hasta que no volví a ver aquel film (‘Fantasía’, con aquella ‘Noche en el monte pelado’ de Músorgski) en pantalla grande, pasados mis veinte años, no descubrí lo tramposa que puede llegar a ser la propia mente cuando se la alimenta con miedo.

 

 

Salvando todas las distancias imaginables, algo parecido me ocurría con Oświęcim; bueno, no con la propia ciudad sino con el ‘Museo Estatal Auschwitz-Birkenau’, un lugar cuya existencia es necesaria y al que nunca pensé que me acercaría siquiera. Por alguna razón, siempre me ha fascinado esa parte oscura, terrible y cruel de nuestra historia reciente, quizá porque nos pone delante de los ojos lo que es capaz de hacer el ser humano. Pero conocer la historia era suficiente para mi, leer sobre ella, ver multitud de documentales y películas, o escuchar programas de radio con las voces de los propios protagonistas. Todo aquello me bastaba para conocer el dolor y sentir el mal de cerca.

 

Sin embargo, hace unos años tuve la oportunidad de hacer un mini-viaje a Polonia, la bella y sorprendente Polonia, que daría para muchas tardes de Inshala (…que ya vendrán). Mi compañero de viaje, que es también mi compañero de vida, tenía absolutamente claro que quería visitar el Museo de Auschwitz-Birkenau, y tal era mi convicción de que para mi no era necesario pasar por aquella experiencia dolorosa que incluso empecé a planear qué haría yo en Cracovia mientras él pasaba el día en Oświęcim. Él, observando la perversidad humana de cerca, yo contemplando la belleza de la cuidad y sus gentes… Y fue precisamente esa imagen ‘bipolar’ en mi cabeza la que me mostró de repente la realidad: lo que yo tenía no era más que miedo. Miedo a empatizar tanto, que  no pudiera soportarlo.

 

Por eso decidí ir con él, blindar de alguna forma (aunque no sabía cómo) mis sentimientos y enfrentarme a ese monstruo, esta vez mucho más grande, mucho más oscuro y con ‘cuernos’ mucho más largos y afilados que aquel de mi infancia.

 

El viaje desde Cracovia, en un autobús pequeño y atestado (pasamos la mayor parte del trayecto de pie o en asientos separados), nos llevó durante una hora por zonas rurales, atravesando pueblos pequeños y una vegetación que en nada se parecería a lo que yo esperaba encontrarme al final del trayecto. Porque mi mente seguía imaginando ese lugar en blanco y negro, triste, sombrío, silencioso, plagado de terribles recuerdos y fantasmas… Esa hora en ese autobús pequeño y atestado me iba preparando el alma para lo que me iba a encontrar.

 

Lo que allí experimenté fue algo que ya habéis leído en multitud de textos, escuchado en infinidad de documentales y conferencias. No voy a repetirlo una vez más aquí. Es inevitable, si uno tiene un mínimo de humanidad y decencia, sentir empatía con los que allí quedaron y con los que lograron salir del infierno. Incluso a nuestra guía, descendiente de aquellos “afortunados” que lograron sobrevivir y teniendo a sus espaldas horas y horas de repetición de la misma historia, se le quebraba la voz de vez en cuando.

 

Por un día, abandoné una de mis mayores aficiones. Por un día dejé a un lado la cámara de fotos. No podía. No quería. Hasta me parecía que sería cometer una falta de respeto… Sólo podía escuchar, observar y reflexionar. Casi ni articulé palabra hasta que llegamos a prácticamente el final de la visita, al pie del monumento en memoria de las víctimas, donde se pueden leer estas palabras, escritas en todos los idiomas de aquellos que quedaron allí:

 

Para siempre sea este lugar un grito de desesperación y una advertencia a la humanidad,
donde los nazis asesinaron a cerca de un millón y medio de hombres, mujeres y niños,
en su mayoría judíos de varios países de Europa. Auschwitz-Birkenau 1940-1945

 

“…en su mayoría judíos”, pero no solo judíos. Gitanos, hombres y mujeres de raza negra, comunistas, polacos, prisioneros soviéticos, homosexuales, presos políticos… Todos hombres, mujeres, ancianos y niños.

 

Sin embargo, hay algo que me sorprendió. Incluso en un lugar tan siniestro asomaban los colores de la bella Polonia. El rojo del ladrillo y el marrón oscuro de las maderas contrastaban con un cielo de un azul intenso y una vegetación de un verde tan vivo… La perfecta metáfora de un pueblo que ha sabido levantarse y mirar hacia adelante aprendiendo de su historia.

 

 

 

Texto: Huck

Fotografía: Álvaro J. Gordo

 

Enlaces relacionados:
·  Memorial and Museum Auschwitz-Birkenau 

 

 

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8 Comentarios

  1. Y cuando crees que ya has sufrido suficiente. Cuando crees que la retina (sea directamente o a través del objetivo) y los sentidos, se te han colapsado de sensaciones (como el olfato en el mercado de las especias de Estambul), entonces te llega la información de que en aquel lugar no fue donde el ser humano (por decir algo) cometió las mayores barbaries, te comentan que hay campos donde apagaron al vida a más de seiscientasmil personas casi en 6 meses y te preguntas “¿Y se les hubiesen dejado, hubiesen superado esa macabra marca personal?”.
    Fue duro, una carrera de fondo en cuanto a los sentimientos se refiere, pero creo que hay cosas que todo el mundo debe afrontar en la vida, y aquella visita fue para mi una de ellas… Y me enorgullezco de ello.
    Gracias por compartirlo conmigo Huck

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    • Gracias a ti, Tas :)
      Sin aquel compañero de viaje, no me hubiera dado cuenta de lo que dices acerca de las cosas que hay que afrontar en la vida… Y ese dato que comentas, fíjate, lo había “borrado” de mi mente… Quizá es que, a pesar de todo, sigo confiando en la bondad del ser humano.
      Pero es necesario recordar que también hay demonios…
      Un beso

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  2. Bellas palabras que transmiten exactamente las sensaciones. Da gusto leer el post. Un saludo.

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  3. Impresionante entrada sobre uno de los lugares del mundo, donde el hombre alcanzó las mas altas cotas de bajeza moral y miseria espiritual. Hace algunos años visité un lugar similar, el campo de concentración de Dachau en Baviera y no fue tristeza lo que sentí allí, no, fue una enorme decepción hacia el ser humano y rabia, una tremenda y digna sensación de rabia. Un abrazo.

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    • Gracias, Joseba.
      No sé si alguna vez volveré a visitar algún lugar similar a este, pero insistiré en que otros indecisos (como lo estaba yo…) lo hagan, porque pienso que es imprescindible.
      Nuestra generación, y las que vienen (sobre todo las que vivimos en esta parte del mundo que algunos llaman ‘civilizada’), somos deudoras de esta herencia, somos responsables de que no quede en el olvido…
      Pero hay muchos tipos de ‘campos de concentración’, y oímos sobre ellos todos los días…
      ¿Acaso no estamos mirando hacia otro lado muchas veces? ¿No hacemos un poco como aquellos alemanes que en aquella época no quisieron (o no supieron) mirar de frente a la barbarie?
      No sé… creo que tenemos mucho que aprender aún…
      Un abrazo

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  4. Nunca olvidaré el campo de Birkenau, Auschwitz II, su infinita vía de tren en medio de la inmensidad, sin documentos, sin apenas más datos que aquellos barracones de madera…con el único “cobijo” que el de las propias sensaciones que evocaba..
    Gracias por los recuerdos que me has hecho revivir Huck. Yo también iba con miedo A SENTIR en aquel autobús pequeño y atestado…Y una vez allí se transformó en tristeza, una tristeza que de algún modo homenajeaba a los que se fueron de aquella manera…y eso me hizo “alegrarme” de haber sido capaz de ir a sentir..

    abril del 2010, la actividad del volcán Eyjafjallajokull, en Islandia, arrojó tal ceniza a la atmósfera que alcanza Europa y supone el cierre de parte del tráfico aéreo al noroeste…y allí quedé atrapada unos días más de lo previsto…en la gran pequeña Cracovia, con sus contrastes de rojos, marrones, azules y verdes.

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    • Gracias a ti por tus palabras, Susana.
      Entiendo perfectamente lo que dices.
      Creo que por mucho que hayas leído, escuchado o visto sobre Auschwitz, sólo llegas a comprenderlo realmente cuando estás allí. Y de alguna forma te reconcilias con los que allí sufrieron (y con el mundo…) porque te has ‘atrevido’ a pasar ese umbral…

      Algo bueno trajo aquel volcán si te regaló esos días en la bella Cracovia…
      Espero verte de nuevo por aquí cuando hablemos de ella ;)

      Un abrazo

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