Jueves , 24 agosto 2017
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Nunca, nunca y esto es lo bello

La fascinación por las islas desiertas y su idealización como lugares paradisíacos, son dos conceptos muy presentes en la cultura occidental. ¿Quién no ha soñado alguna vez con perderse en una soleada isla remota, con una playa de arena blanquísima, rodeada  de palmeras y bañada por un mar de aguas transparentes e intensamente azul turquesa?, seguro que todos lo hemos hecho, pero en realidad, no es oro todo lo que reluce.

 

 

Del mismo modo que la placentera ensoñación de una isla salvaje y tropical para nosotros solos se convierte en un fastidio cuando llega la hora de enfrentarnos a la lista de cosas que nos llevaríamos, la mayoría  de las islas desiertas del mundo, lo son por algún motivo, aunque existen numerosas excepciones, en general, se parecen mas al infierno que al paraíso.

 

 

Velero. Inshala. Fotografía: wikimedia

Velero

 

A pesar de ese enorme prestigio del que gozan las islas lejanas, en parte debido a la literatura y en parte a los sugerentes folletos de las agencias de viajes, por algún motivo desconocido, pero seguro que muy relacionado con el sentido común, nadie acaba cumpliendo la amenaza de dejarlo todo y marcharse a una isla desierta.

 

 

 

 

Siempre hay excepciones. A comienzos del siglo XX, el marinero californiano George Hugh Banning, se enroló para navegar por el Pacífico con la secreta esperanza de que su barco naufragara, había tomado la decisión de buscar su isla. Al principio no tuvo mucha suerte y escribiría:  “Solo hacemos escalas en islas tan interesantes como Oahu y Tahití, donde los envoltorios de chicles y el acento americano resultan tan frecuentes como las cáscaras de banana en el suelo y el rumor del viento entre las palmeras”.

 

 

Archipiélago Revillagigedo. Inshala. Mapa

Archipiélago Revillagigedo

 

 

Mas tarde durante una expedición por aguas del Pacífico mexicano, llegó a la Isla de Socorro, en el archipiélago de Revillagigedo, situado a 500 kilómetros mar adentro de la península de Baja California: “El agua parece muerta y estancada, la arena de la playa brilla fría y hay un par de colinas volcánicas cubiertas de zarzas”.  Al día siguiente Banning se levanta temprano para explorar el interior de la isla, en una planicie descubre unas ovejas que se espantan por su presencia y huyen despavoridas, son las descendientes salvajes de un rebaño abandonado tiempo atrás por unos balleneros. Según lo que se conoce de la isla, no hay manantiales ni lagos, ni ninguna otra fuente de agua dulce, con lo que es un misterio el lugar donde abrevan las ovejas. Nuestro hombre persigue al  pequeño rebaño abriéndose camino entre la maleza, compuesta por un laberinto de arbustos espinosos, continua avanzando, pero llegado un momento la vegetación se hace impenetrable y Banning tiene que retroceder.

 

 

 

El laberinto de arbustos se ha convertido en una jungla, donde apenas penetra la luz, la inquietud que le provoca este lugar tan hostil le hace retroceder a toda prisa por un mar de troncos retorcidos con afiladas agujas clavándose por todo su cuerpo, finalmente consigue salir de este infierno verde sin apenas aliento y totalmente cubierto de rasguños.

 

 

 

Naufrago. Inshala. Fotografía: Yakprosto

 

Este angustioso episodio, no merma su determinación, en este lugar en el que no había absolutamente nada, dejado de la mano de Dios, tiene la certeza de que va a encontrar la soledad ansiada. Cuando sus compañeros al ver que era inútil hacerle entrar en razón, le preguntaron cuando quería que volvieran a por el y devolverle a la civilización su respuesta fue: Nunca, nunca y esto es lo bello.

 

 

 

 

 

No se sabe a ciencia cierta que fue de George Hugh Banning, si consiguió sobrevivir en aquel lugar tan inhóspito, y si así fue, si murió allí o en algún momento abandonó su aislamiento voluntario para regresar a su vida anterior, lo que si es cierto es que logró realizar su extravagante sueño solitario en aquel pequeño pedazo de tierra baldía.

 

 

 

                                                                                                                     Pepe

 

 

 

 

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3 Comentarios

  1. Vaya, me gusto muchisimo, a mi tambien me gustaría irme a una isla desierta :P

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  2. Fascinante relato el de este curioso personaje. El concepto de isla desierta es muy bonito, pero la realidad impone mucho respeto. Saludos

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    • En primer lugar gracias Rafa por tu comentario. Mas que nada es un concepto al que nos agarramos en aquellos momentos en que las situaciones y el agobio nos superan. Como dice el refrán “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

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