Sábado , 25 mayo 2019
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Objetos que viajan: mis zapatillas azules

Todo aventurero, viajero o explorador lleva siempre en su mochila algo sin lo que no podría embarcarse.
A veces es una brújula, a veces ese impermeable fantástico, a veces una libreta hiperusada para sus anotaciones,
a veces un colgante… y a veces hasta un fedora y un látigo.
Esos objetos que viajan se convierten en un compañero más de aventuras,
con el que compartir momentos únicos y sin los cuales el viaje no sería el mismo.
Eso es lo que le pasaba a Bego, nuestra nueva inshaler, con unas zapatillas que adquirieron superpoderes
y la llevaron por muchos caminos a lo largo del mundo.

 

 

Hace tiempo tuve unas fantásticas zapatillas: unas Nike Air, las primeras que salieron al mercado. Era la primera vez que decidía gastarme dinero en unas zapatillas. Era un pastón, pero yo hacía ejercicio, tengo articulaciones débiles y notaba cómo correr, el suelo poco firme y los escalones me machacaban los tobillos y me los dejaba doloridos. Una buena suela rellena de aire que amortigua me pareció tan buena idea que, por primera vez, tomé la iniciativa de ser un consumidor de los que el marketing llama innovadores, de los que prueban las cosas nuevas.

 

Pero aquellas zapatillas me deparaban mucho futuro. No sabía yo que aquella cámara de aire estaba pensada para acompañarme en grandes momentos, dándome alas y propulsión para saltar y despegarme del suelo cuando la aventura me lo impusiera.

 

Multideporte - InshalaTravel

 

Me gustaba hacer una actividad llamada multideporte, que incluía atletismo en todas sus variantes, natación, deportes de cancha, ciclismo y más. Mis zapatillas me acompañaron y estuvieron a la altura constantemente. Se adaptaban a todo, a la arena de la Casa de Campo, al trigo de los campos de mi pueblo, al asfalto seco y al mojado, a los adoquines…

 

Tanto salimos juntas y tanto hicimos que un día sobrevino el accidente. Montando en bici por lo que ahora son los terrenos de la T4 con mis compañeros de multideporte, perdí el equilibrio y mis pies cayeron sobre un pequeño charco del camino. ¿Charco he dicho? Eso es porque no encuentro la palabra para aquel montón de barro maloliente y putrefacto, con aspecto verdoso radiactivo, sobre el que por suerte caí de pie. Ellas siempre hacían su trabajo y me ayudaron a conservar el equilibrio suficiente para no caer por completo y tener que ser trasladada al hospital en cámara hiperbárica. El lodo verdoso de aquel antiguo charco se había concentrado como un buen caldo. Era muy pastoso y succionaba, y al querer salir de allí perdí mis zapatillas. Costó sacar la bici del agujero, pero más difícil fue rescatar mis zapatillas. Ni por asomo pensaba dejarlas morir allí como alguno sugirió. No se abandona a una zapatilla fiel en la primera charca putrefacta y espesa que pisas.

 

Pasamos miedo de ser succionados por aquel ente viscoso y verde, que se nos antojó un extraterrestre sin forma que espiaba las obras de la T4 para averiguar si podrían mandar sus naves a aterrizar allí. Con mucho miedo, con palos, sujetándonos las manos y los pies unos a otros para no caer, en un auténtico alarde de colaboración y espíritu de superación, transcurrió la operación de rescate. Y salieron, verdes ahora, pesadas, húmedas, humeantes,… APESTOSAS, pero con un agujero a la esperanza: el interior estaba intacto. Mis calcetines blancos volvieron a sentir el abrigo de su cuidado y bien diseñado interior azul. ¡Salvados! ¡Volvemos a casa! Sí, claro, si has ido en bici campo a través varios kilómetros no queda más remedio que hacer lo mismo para volver.

 

Por el camino el barro se secó y fue cayendo cuarteado, de las ruedas de la bici primero y de las zapatillas después. Al final del trayecto, cuando ya rodábamos sobre asfalto, podía verse su color azul, su franja blanca Nike, e incluso se intuían bien las diferencias de tejido, bajo el color medio parduzco que las recubría.

 

Y pensaréis… ¿para qué me cuentas esto? Sales de la charca, vuelves a casa, las metes en la lavadora y ya está.

 

ZapatillasAzules-InshalaTravel 4

¡Pues no! Automáticamente, una vez de vuelta, surgieron las dudas: ¿las meto en la lavadora? ¿Es que nunca os cargasteis unas zapatillas después de haberlas metido en la lavadora? Yo tuve muchas dudas sobre si aquel podría ser el final de una maravillosa relación que ya había durado tres años. Tres años con las mismas zapatillas de deporte es mucho, crea vínculos muy fuertes y no puedes enfrentarte a la lavadora, así como así, arriesgándolo todo. Finalmente pudo el vínculo y decidí dejar mis zapatillas al sol y sacudirlas contra la pared de vez en cuando para ir eliminando restos. Me las seguí poniendo para gran escándalo de mis compañeros, que ahora corrían más rápido para huir de mis zapatillas abducidas. Olían mal, pero yo desde arriba no lo notaba mucho, sólo cuando me agachaba para abrocharlas.

 

Poco a poco se fueron recuperando, su color era cada vez más azul, su olor cada vez más suave, hasta volver a parecer unas zapatillas normales. Pero solo lo parecían, pues mis compañeros tenían razón y algo había sucedido durante la abducción en aquella charca alienígena. Desde entonces se convirtieron en superzapatillas con una fuerza y propiedades especiales.

 

Cada año subíamos varias montañas y hacíamos largas excursiones. Cada año hacíamos un largo viaje por el mundo a países variopintos donde a ras de suelo todo es supervivencia pura y dura. Diez años después de su osada adquisición y siete años después del incidente, ellas seguían completamente en forma. Habían pasado por mi vida ya varias zapatillas de trekking que habían perdido sus propiedades impermeables, cuyo interior se había deformado o sus sujecciones para cordones se habían roto. Zapatos con suelas y tacones destrozados, con cueros arrancados y punteras abiertas. Y ellas seguían enteras, con todas sus puntadas, igual de azules, con el interior mullidito y entero, con la puntera impecable, ¡hasta los cordones seguían perfectos!

 

Badami, Karnataka - InshalaTravel

Badami, región de Karnataka (India)

Justo después del 11-S nos fuimos a la India. Todo el mundo tenía miedo y pretendía que abandonásemos el viaje en aquellos momentos de incertidumbre sobre la seguridad. Pero mis zapatillas y yo no teníamos miedo alguno y, desafiantes, nos fuimos a la India. Allí murió todo el calzado que me acompañaba, menos las botas de trekking que eran nuevas y no se lo podían permitir. La India tiene un poder destructor especial, es corrosiva, polvorienta, enganchante, rasgante, punzante. Todos los objetos viven en constante lucha contra el medio. Sucumbieron el calzado, los pantalones, las mochilas, las camisetas… La factura de la aventura fue muy larga. Pero ellas volvieron intactas, con su dibujo en la suela, con sus pespuntes, con su color azul y su raya blanca, demostrando que tenían una fuerza especial que las hacía indestructibles.

 

Compartimos aventuras durante tres años más, hasta que en otro viaje, seducidas por la magia de Cuba, decidieron quedarse en una casa de huéspedes encantadora de Trinidad, y no volvieron. No fue un abandono, ni por su parte ni por la mía. Yo sé que ellas tenían mucha vida por delante y solo decidieron un cambio de aires. Igual que yo me fui a vivir a Pontevedra, ellas decidieron quedarse en Cuba, a vivir una nueva vida y nuevas aventuras. Creo que supo reconocer que en Cuba también hacen falta zapatillas que resistan mucho y que allí las esperaba un gran futuro. Estoy convencida de que se quedaron para vivir la aventura de una huida, de una balsa, de una nueva vida en el continente, de una esperanza que necesitaba un gran anclaje para unos pies soñadores como los míos.

 

Nunca sabré si sus propiedades indestructibles tenían que ver con la charca radiactiva o con el gran amor que las profesaba. Pero sé que son unas zapatillas especiales, que confieren fuerza y poder a quien las lleva, y que alguien con alma soñadora ahora las disfruta y vuela con ellas.

 

 

                                                                                                                  Telebego

 

 

 

 

 

 

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4 Comentarios

  1. jajajaj buenísimo!!
    Por cierto, acertaste al no lavarlas…. las lavadoras tienen un efecto nefasto sobre los superpoderes radiactivos…comprobado!

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  2. Gracias Leonor y Cris. Me alegro que disfrutarais el relato. Esta pequeña historia es un trocito de buenos recuerdos que me atreví a compartir con vosotros.

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  3. Me ha encantado

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  4. Qué divertido y originaal relato! Lo he pasado pipa leyendolo ☺

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