Sábado , 24 agosto 2019
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Nicaragua, una esperanza llamada Fabretto

He tenido ocasión de viajar nuevamente a Nicaragua de la mano de Fabretto. Estas son algunas de las imágenes de aquellos llamados a construir el futuro del país.

 

Puedo verte. Autora: Judit Urquijo

Puedo verte.
Autora: Judit Urquijo

Nicaragua, situada en esa franja de tierra retorcida que constituye Centro América, es uno de esos rincones que únicamente ocupan titulares cuando se producen hechos luctuosos. Su historia está marcada por conquistadores y conquistados, por derrumbes y reconstrucciones, por guerras en las que los poetas trocaron las plumas por armas y las palabras se convirtieron en afiladas hojas con las que defender las ideas, por gritos que traspasaban paredes palaciegas mientras los perros aullaban, por armas, muchas armas, por bloqueos y políticas económicas que terminaron de asfixiar a un pueblo y le cortaron las alas, posibilitando una pobreza que a día de hoy aún resulta lacerante a la vista.

 

En esta tierra de aparente desesperanza es donde desarrolla su actividad Fabretto, una asociación cuya misión es proporcionar esperanza a los niños de las zonas rurales y urbanas nicaragüenses para que, con el tiempo, se conviertan en agentes de desarrollo local de su entorno. Niños que, quizás mientras estés leyendo esto, recorren con ajadas chancletas los polvorientos o embarrados caminos que les conducen a las escuelas o de vuelta a sus casas con tejado de zinc, bajo una tormenta o un aplanador sol; que crecen muy rápido, asumiendo pronto responsabilidades que aquí quedan relegadas a una edad adulta; que cuando les preguntas a qué les gustaría dedicarse cuando sean mayores, no te responden que quieren ser futbolistas o famosos, sino médicos o maestros.
  
Puzzle. Autora: Judit Urquijo

Puzzle.
Autora: Judit Urquijo

Se saben poseedores de una oportunidad única que la mayoría no están dispuestos a dejar pasar, aunque posiblemente muchos sueños y muchas aspiraciones serán devorados por la amarga realidad. Niños que al grito de “Enseñe, enseñe!!”, te rodean para que les muestres la foto que les acabas de hacer y te sonríen cuando se ven en la pantalla de la cámara, dándote las gracias con esos enormes ojos en los que cabe un mundo, esos mismos ojos que a veces parecen no saber sonreír al objetivo, convirtiéndose en espejo de lo que es su vida diaria. Ese momento es ciertamente especial, porque creo que hay pocas cosas en el mundo más hermosas que ver reír a un crío, bien sea con una cámara, unas cosquillas o un simple juego. Y es justamente el saber que durante unos minutos has hecho feliz a alguien lo que deja surco y huella en una persona, aunque en el momento no seas consciente de ello.

 

Tiempo de juego. Autora: Judit Urquijo

Tiempo de juego.
Autora: Judit Urquijo

Una vez oí que la solidaridad termina donde empieza la supervivencia de cada uno, pero… ¿dónde está ese límite? Nos estamos convirtiendo en una sociedad individualista, encerrados en nuestra burbuja, soberanos de un reino estéril en sonrisas y donde los vientos de la codicia y la envidia cuartean la tierra. Desde nuestras atalayas observamos impertérritos al hambriento y al sediento en esa cruel carrera por la supervivencia que divide el mundo en pobres y ricos, en vencedores y vencidos. ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo un distante espectador? Si estás en condiciones de echar una mano, por pequeña que sea ¿por qué no lo haces? Muchos granos de arena acaban formando una playa que seguirá estando ahí aunque alguien se empeñe en cubrirla posteriormente con adoquines. Porque volver a ser humanos es el mejor legado que podemos dejar a las generaciones futuras.

 
Más información: Asociación Fabretto

Judit Urquijo………………………………….

 
 

Galería fotográfica: pulsa en cualquier imagen para verla ampliada:
 

 
 

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2 Comentarios

  1. No, Judit, no nos estamos convirtiendo en una sociedad individualista; encerrados en nuestra burbuja, tristemente somos eso hace ya mucho tiempo. Afortunadamente hay personas como tu que siguen practicando la solidaridad. Por cierto, magníficas fotografías.

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    • Gracias por tu comentario, Joseba.

      Supongo que vivir aislados va aparejado con el grado de desarrollo que ha alcanzado el mundo occidental. La actual coyuntura económica no facilita desde luego la solidaridad, pero cuando hay que arrimar el hombro ante la fatalidad, aún respondemos como sociedad. Es triste que únicamente lo demostremos de forma masiva cuando se producen grandes catástrofes, pero menos es nada. El inmenso sufrimiento del otro aún tiene cierta capacidad para traspasar las pantallas de todos nuestros “aparatitos” y golpearnos brevemente en la conciencia, pero solo durante un corto espacio de tiempo, ya que rápidamente caemos de nuevo en la indolencia más absoluta.

      Lo ideal sería poder extender en el tiempo esa empatía que mostramos ocasionalmente. Aunque solo sea por justificar nuestro paso por el planeta y poder marcharnos con una sonrisa en los labios sabiendo que, gracias a nosotros, otra persona menos afortunada tuvo una oportunidad para soñar con un futuro mejor. Si un puñado de fotos y unas cuantas palabras pueden obrar el milagro, me daré por satisfecha :)

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