Miércoles , 19 febrero 2020
Inicio > Viajando > Una experiencia ‘salvaje’ en Uganda

Una experiencia ‘salvaje’ en Uganda

El viaje, a pesar de largo y caluroso, fue bastante tranquilito y muy ameno. Solo mirar por la ventana ya era entretenido, ibas viendo cómo el paisaje cambiaba a medida que ibas avanzando, pasando por ciudades que aunque no son muy grandes están llenas de vida, con paisanos que te venden comida de todo tipo (pinchos de carne asada, fruta, cacahuetes, samosas, saltamontes fritos con sal…). Yo me compré una bolsita de saltamontes (ya los había probado anteriormente)… ¡y me gustaron! Es como si te comieras unos kikos ¡con sabor a camarón! Hasta ahora, todo tranquilo, nada que presagiara una experiencia ‘salvaje’.

 

Experiencia salvaje en Uganda. Mapa de 'Murchinson Falls', en Uganda.

Mapa de ‘Murchinson Falls’, en Uganda

Cuando me di cuenta, ya habíamos llegado a ‘Murchinson Falls’, el Parque Nacional más grande de Uganda, con una extensión de nada menos que 3.500 kilómetros cuadrados, llenos de fauna salvaje en estado puro y unas impresionantes cascadas en medio del Nilo Blanco…

 

Debían ser las tres de la tarde cuando se empezó a oír un ruido muy intenso. Yo estaba sentada justo al lado de la ventana, detrás del conductor. El ruido venía de debajo, y el conductor hacía como si estuviera escuchando su canción favorita, moviendo la cabeza a ritmo de ¡cataclón! ¡cataplún! ¡cataclón!… Por fin, detuvo la furgoneta y se bajó… ¡habíamos pinchado! Sí, hacía más de media hora que rodábamos sobre la llanta. Jack, que así se llamaba el conductor, nos hizo bajar a todos, y de repente nos vimos en mitad de un Parque Nacional, lleno de animales salvajes y nosotros acompañándoles…

 

Experiencia salvaje en Uganda. Cambio de rueda en Uganda

Cambio de rueda en Uganda (Foto: Cris Terré)

Pasaron 10 minutos, 15, 20… media hora… y Jack todavía no había aflojado ni un solo tornillo para sacar la rueda. Cuando, inesperadamente y no sé de dónde, aparecieron dos coches con 4 ó 5 tipos cada uno, y se pusieron todos a sacar la rueda. Pasada una media hora o más, por fin lograron cambiarla. ¡Bien, ya podíamos continuar! Lo gracioso del tema es que… ¡la rueda que cambiaron también estaba pinchada! Así que Jack decidió volver a poner la primera…

 

Tras este pequeño percance llegamos al campamento donde dormiríamos las dos noches siguientes, ‘Red Chilli Restcamp’, un bonito campamento base muy cerca del lago Alberto y situado a lo alto de una pequeña colina. Allí nos explicaron que a finales de los años 90 tuvieron que cerrar el Parque por los enfrentamientos entre el ejército de Joseph Kony y los militares; y que en marzo de 2001 once estudiantes de hostelería y su ranger fueron asesinados por los rebeldes en este mismo campamento. Para “tranquilizarnos” un poquito más, nos contaron que el último incidente fue en noviembre de 2004, cuando el antiguo propietario del campamento, Steve Willis, fue tiroteado a manos de los bandidos. Desde entonces no había habido ningún otro asesinato… Sólo pude pensar “¡Menos mal, ya dormiré más tranquila!”.

 

Experiencia salvaje. Tienda de campaña en la que dormía Cris en la visita de los hipopótamos (Foto: Cris Terré)

Tienda de campaña en la que dormía Cris (Foto: Cris Terré)

Antes de ocupar nuestras tiendas, nos hicieron un comentario al que no le di demasiada importancia:

- Hay noches que suben los hipopótamos por aquí….

 

Me dieron un candado con una llave, yo tenía la tienda número 8.

 

Después de cenar y echarnos unas risas con los que serían mis compañeros de expedición, un inglés y cuatro neoyorquinos, decidí irme a la tienda a descansar, no sin antes tomar unas fotos del cielo, que estaba espectacular ese día, con una luna llena inmensa que lo iluminaba todo y las estrellas brillando con todo su esplendor…

 

Por fin, me tumbé. Y aún no había cerrado los ojos cuando oí un ruido justo a mi lado, fuera de la tienda…

Grouch, grouch, grouch, grouch,…

A los pocos segundos, otra vez, pero ahora todavía más cerca…

Grouch..ggrouggch, grrouchg, grrougch…

Me tapé hasta la cabeza, pero ese ruido extraño no paraba de sonar, y cada vez lo tenía más y más cerca… Por fin decidí mirar a través de la mosquitera de mi tienda, y justo ahí en frente, a tan solo medio metro… ¡había un hipopótamo! Estaba tan tranquilo comiendo hierba, ¡pero a mi se me pusieron los pelos de punta, me entró pis y un escalofrío me recorrió toda la espalda! Lo primero que hice fue sacar la cámara de fotos e intentar filmarlo, pero la óptica no cogía la imagen, tan solo el ruido… El hipopótamo, completamente ajeno a mi estado de nerviosismo, continuaba con su cena… Grouch, grouch, grouch… De repente, al otro lado de la tienda, ¡otro hipo!… Grouch, grouch… ¡Ya tenía dos! ¡Estaba rodeada! ¡Menuda experiencia salvaje! ¿Y si me atacaban?
El hipopótamo, a pesar de ser herbívoro, es un animal muy peligroso y el que causa más muertes humanas en África… Empecé a hablar sola, tenía pis y no podía salir de la tienda, el baño estaba lejísimos, como a 150 metros de mi tienda… Decidí, entonces, meterme en la cama e intentar dormir, pero no paraba de oírles comer y comer a mi alrededor…

¿Es que aún quedaba hierba ahí fuera?… Finalmente, me dormí.

 

Aún me quedaba otra noche…

 

Experiencia salvaje en Uganda. "¡Hipos!" (Foto: Cris Terré)

“¡Hipos!” (Foto: Cris Terré)

 

Cris Terré

 

 

 

 

 

 

GD Star Rating
loading...
Una experiencia 'salvaje' en Uganda, 100% based on 5 ratings

Deja un Comentario

Tu dirección de email no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>